sábado, 29 de diciembre de 2012

Cumpleblog

 
 
Llevo toda la tarde sumergido
en ese olor de fiesta y de coraje.
 
Luis Alberto de Cuenca
 
 
 
 
Hoy este blog cumple 4 añitos,
4 haces de luz.
Gracias por vuestros ojos lectores.

jueves, 27 de diciembre de 2012

78 de hace algún tiempo.

 
Y hay amores que duran algo menos que un beso,
y besos que han durado algo más que una vida.


Luis Rosales.





Llegar cuando alguien ya ha nacido,
cuando alguien ya ha vivido lo suficiente
como para hacer hueco a otras personas.


Llegar como quien se despista un rato
y se encuentra,
de repente,
en un lugar agradecido.



Rocío.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Remedia Amoris.


Probablemente de lo que más se haya escrito en la tierra haya sido del amor. Como si existiera una urgencia fatal por contarlo al mundo, por atraparlo, por definirlo.
Todo el mundo sabe de amor y no sabe a la misma vez. Conoce y desconoce.
Pero ni las médulas que ardían para Quevedo, ni el haberlo probado de Lope, ni siquiera ese beso entre Burt Lancaster y Deborah Kerr son suficientes motivos para aprehenderlo. Porque sí, puedes alzar la vista y repasar todo lo repasable: el amor ya estaba allí. A Safo le dolía en el pecho de nostalgia el corazón. Y a mí, más prosaica, me da por callarme, abrazar el silencio, no decir nada, sonreir y saber que no seré capaz jamás de escribir una línea acerca del amor.


Rocío.

domingo, 7 de octubre de 2012

Cualquier tierra muda.




Morir, sí, aquí, donde todo es nieve o silencio.

Leopoldo María Panero
 
 
 
 
 
 
Hay algo de muerte en la felicidad. En cada pequeño instante feliz hay algo de definitivo, de último. De terminar un viaje, de acabar un camino, de encontrar lo que se buscaba. De abrir una puerta, de que entre la luz y nos ciegue, de atravesarla. De decir adiós en cada sonrisa, en cada amor.
 
 
Rocío.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Esperar o buscar.

 
 
Mas yo sigo aquí inmóvil, como en suspenso... Esperando que aparezca un signo en el que poder creer. Y así huyen los días, los meses y los años.
 
Arthur Miller, Después de la caída.
 
 
 
 
Foto tomada de aquí
 
 
 
Para qué nos vamos a engañar, a veces esto es cierto. A veces todo el terror va por dentro y la gente gasta toda su vida esperando algo que ni siquiera sabe si llegará. Como si fuéramos por la vida cargando un aparato, un detector de metales, igual que la gente que va a la playa y quiere encontrar monedas y rastrea toda la arena, nosotros buscamos una señal que nos haga entender nuestra existencia o que justifique el hecho de seguir respirando.
 
Pero a veces tenemos suerte. Y ansiamos algo durante mucho tiempo y un día, de repente, aparece. Dejas de recordar entonces los días, los meses o los años que han podido huir. Y no sabes muy bien si has sido tú el descubridor o el descubierto. Pero eso no importa ahora, ahí está nuestro porqué. El aparato emite pitidos. Ahí está, disfrútalo. Somos los más ricos de la playa: la hemos encontrado.
 
 
Rocío.

jueves, 26 de julio de 2012

Ene de niebla, de nadie.



Y no he vuelto a ver a Nástenka. ¿Entristecer con mi presencia su felicidad, ser un reproche, marchitar las flores que se puso en los cabellos para ir al altar? ¡Jamás, jamás! ¡Que su cielo sea sereno, que su sonrisa sea clara! Yo te bendigo por el instante de alegría que diste al transeunte melancólico, extraño, solitario… ¡Dios mío! ¿Un instante de felicidad no es suficiente para toda una vida?


Noches Blancas, F. Dostoievski.



Fotografía aquí


Cuando la niebla creció
él perdió a Nástenka.

Durante días
meses
y un tiempo sin horas
él odió la niebla.
Odió el fenómeno metereológico,
aquel lugar sin nombre,
vivir para siempre
mirando una sombra,
el hueco vacío
las manos heladas
los pronombres indefinidos,
el reino donde van a parar
los objetos perdidos
de la piel perdida
la espuma
la cresta.

Cuando
la niebla creció
él odió la niebla,
los instantes de felicidad
que no merecen nunca las pérdidas.


Rocío.

sábado, 7 de julio de 2012

El sueño de Céfiro (I)




Detalle de "La primavera" de Botilleci



La casa tenía detrás del patio un porche y una habitación pequeñita llena de trastos viejos y herramientas. A mi abuelo le encantaba crear cosas a partir de utensilios sin uso: hacía tirachinas, pequeños inventos domésticos, y cosas que mi abuela siempre estaba intentando tirar dudando de su utilidad real. A mí me encantaba estar con mi abuelo y cuando digo estar es meramente el significado más superficial del verbo. Me gustaba estar allí con él, en la misma habitación, compartiendo ese pequeño espacio. Cuando era pequeña no era muy habladora, era mas bien una niña retraída y bastante tímida. Mi abuelo fue así durante toda su vida. Imagino que eso mismo nos unía tanto, éramos iguales: el ruido de las conversaciones nos molestaba, nos ensordecía como abejorros que zumban alrededor del tímpano. Y no recuerdo haber sido más feliz que en aquellos días en que, en un acuerdo mudo entre él y yo, caminábamos hacia la parte trasera del patio para compartir una maraña de ruido de martillo. El repiqueteo constante y pesado a veces se confundía con el sonido confuso y como de aleteo, de mi corazón.


El sueño de Céfiro, una ¿novela? en construcción.
Rocío.

miércoles, 27 de junio de 2012

Noexisteuntítulo.




Algún día
habrá algo más que el día.

Boris Vian

Estación de autobuses de Gotemburgo, junio de 2012.



Debe existir un nombre para llamar
a la tristeza que aún no conocemos
y que no hace ruido
y ni siquiera nos ha quebrado el corazón.

Algo habrá que nos diga
hasta qué punto no estamos solos
en la cama,
de madrugada,
o que nos advierta del miedo
en las calles
del escalón que no vemos
de la amenaza de tormenta.

Algo debe haber,
sí,
estoy segura,
algo debe existir
entre las lágrimas y el alfabeto.


Rocío.

miércoles, 6 de junio de 2012

Bradicardia.



Porque vas por ahí provocando fallos cardíacos.


Ilustración extraída de aquí


Está científicamente comprobado que cuando te enamoras se produce un descenso del ritmo cardíaco. Se bombea menos sangre, se tienen menos pulsaciones por minuto y hay una especie de laxitud en el organismo.

Dos personas se miran con sus cuatro ojos, sus cuatros manos y sus dos pares de labios. Dos personas llegan y se abrazan, se conocen y se desconocen una y otra vez en cuestión de milisegundos. Dos personas llegan, invaden la tierra e inauguran el mundo que pisan. Dos personas y su número finito de huesos y músculos. 

Dos personas y la βραδυκαρδία, en griego, que las advierte de la presencia de un eterno corazón lento.


Rocío.

martes, 29 de mayo de 2012

Nínfulas.

Se ocultan durante cuarenta días y cuarenta noches; y cuando el año va corrido, aparecen de nuevo en el momento en que se afila el hierro.

Hesíodo

Ilustración: Virginia Mori



En el jardín de las Hespérides
a las ninfas tristes
se les enreda el cabello
en las ramas de los árboles
y quedan colgadas noches enteras
sin que nadie las eche de menos.
*
a las ninfas tristes
les crecen las piernas
demasiado rápido,
les nacen unas piernas larguísimas
como hebras de hilo blanco.
*
las ninfas tristes
se convierten en sal
en polvo
en aire,
se ahogan todos los días
con sus piernas y
sus cabellos
y nadie nunca las echa de menos.

Rocío

viernes, 25 de mayo de 2012

Verano.


Un nacimiento oscuro, sin orillas,
nace en la noche de verano,
en tu pupila nace todo el cielo.

Octavio Paz



Fotografía: Emily Hunt



Lo que de verdad me jode del verano,
más incluso que el calor pegajoso,
la gente bebiendo horchata o
los hombres en pantalones cortos,
más,
mucho más que eso
lo que de verdad me jode,
y bien,
es esa desnudez de ventanas abiertas,
los ruidos de zonas comunes
y, siendo claros,
esa estúpida manía que tienen
los vecinos de enfrente
de hacer el amor en la siesta.


Rocío.

viernes, 18 de mayo de 2012

Un quíntuple de infinito.


Amé todas las pérdidas.
Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible.

Antonio Gamoneda



He estado tan ocupada que me había olvidado de ti. De tu cumpleaños. De tu patio encalado lleno de macetas. De tu patio, que era tuyo pero también mío y de Machado. Y de mis pies pequeños correteando de un lado para otro. 

Me olvidé de la infancia que yo imaginaba para ti. Te imaginaba creciendo fuerte y larguirucho, rubio, tostado por el sol de una meseta castellana, en un pueblo pequeño donde todos se conocen, donde los ancianos se quitan la boina para saludar a las muchachas jóvenes. Me olvidé de tus juegos de canicas, de tus rodillas manchadas de polvo, de tus pantalones cortos y remendados, de la guerra que te sorprendió joven.

Pero he recordado, de casualidad y tarde, el número cinco que parecía perseguirte. Naciste el 5 de mayo, que también es el mes nº5, fuiste el quinto de siete hermanos y otras coincidencias más que ya no recuerdo. Y cuando me contabas esto, orgulloso, pensando que alguien tejía una bonita casualidad numérica contigo, reías mucho y tus ojos azules parecían las olas del mar. No sabes que convertí el 5 en mi número favorito desde ese mismo momento.

En la tierra, nos pesa demasiado la memoria. Tanto, que no podemos olvidar nunca a nadie del todo. Seguimos echándote de menos, como poco, un quíntuple de infinito.


Rocío.

viernes, 11 de mayo de 2012

Pronunciar.


Hay cosas que no deberían cambiar, cosas que uno debería poder meter en una de esas vitrinas de cristal y dejarlas allí tranquilas.

J.D.Salinger



Las cosas se deforman siempre bajo
la tiranía de un nombre que,
la mayoría de las veces,
no representa nunca
la totalidad de esa cosa
ni el viaje del sonido a través de tu boca.

Las personas empiezan a hablar mil quinientas lenguas
por minuto con sus treinta y cuatro mil fonemas por segundo:

amapola ver-dad terror c/o/r/a/z/ó/n extremidad [hambre] vivir.

Y se les enlutan las bocas
y se les desprenden las palabras junto con las cosas que se deforman
bajo la tiranía de los nombres que no llegan nunca a expresar nada.
Porque todas las cosas terminan llamándose como tú
y todos los nombres son el tuyo
desordenando el mundo
en mil quinientas lenguas por minuto.


Rocío.

lunes, 7 de mayo de 2012

Informe I.


Mi corazón es una casa roja con escamas de vidrio.

Carlos Marzal







Sentimos comunicarle que algo se ha roto.
Desde la central de su cerebro,
conexión neuronal nº 483,
queríamos informarle del suceso.
Que vaya usted con sumo cuidado a la compra,
que no se mueva demasiado durante la noche,
que no sonría con grandes aspavientos tampoco.
Le rogamos que a la mayor brevedad posible,
transfiera la información necesaria
para arreglar el desaguisado.
Debe mandar un breve estímulo a su órgano central
(no, el corazón no)
y nosotros nos encargaremos de viajar
hacia el lugar del accidente.
Rogamos aplique el protocolo a seguir:
no saltarse ninguno de los anteriores pasos
confiar en la labor realizada desde los núcleos cerebrales
no esperar que la memoria te perdone.


Rocío.

sábado, 5 de mayo de 2012

No pido nada, solo equivocarnos.



Las sombras que tú creas no tienen derecho a la noche.

Paul Éluard


Ilustración de Federico Hurtado



Empezar o terminar
son también lo mismo
pero con diferentes nombres.


Rocío.

domingo, 29 de abril de 2012

¿Qué pasado nos separa?


Y el mar, el mar al fondo, con sus lentas espinas,
restos de cuerpos bellos, que las playas devuelven.

Vicente Aleixandre


Fotografía Anna Llamas


Sabes que no me gusta el mar, lo sabes perfectamente. No es porque no sepa nadar, no, no es nada de eso. Es porque siempre me pareció cruel. El sistema de mareas: bajamar, pleamar. Las olas, la espuma. Hay algo de cruel en todo ese ciclo, en toda esa repetición.

El mar siempre devuelve a la orilla cachivaches desagradables que la gente ya no quiere: un sillín oxidado de bicicleta vieja, tetabricks de leche desnatada, zapatos sin cordones, neumáticos, plásticos, radios inservibles. O esos cadáveres que se perdieron mar adentro y que vuelven semanas más tarde, hinchados y picoteados por las gaviotas, cuando ya nadie los echa de menos porque hasta a la pérdida se acostumbra uno.

Por eso no me gusta el mar, porque es igual que la memoria. Termina escupiéndote a la cara todo aquello de lo que quisiste deshacerte un día.


Rocío.

Madone with pecked eyes

Madone with pecked eyes by SoWiL(d)
Madone with pecked eyes, a photo by SoWiL(d) on Flickr.

Yo ya no lloro.
Ni siquiera cuando recuerdo
lo que aún me queda por llorar.
José Hierro


martes, 24 de abril de 2012

Luz y vacío: índice de refracción.


Si no quieres quedarte a mirar la tormenta
yo la miro por ti

Juan Antonio González Iglesias



Fotografía de René Groebli.


Se apagan las manos
los labios
las ganas
el instante
las luces
los ojos
las rodillas
tus hombros
las farolas de la calle,
el amor
la poesía.


Rocío.

domingo, 22 de abril de 2012

viernes, 13 de abril de 2012

Hemolacria.

Quizá los que han nacido
solos no puedan ya
dejar de estarlo
nunca, vivir de otra manera.

Javier Rodríguez Marcos

Fotografía aquí



La mañana del 29 de septiembre, el doctor Champfleury se despertaba en su cama de 90cm en un pequeño piso de nosesabequéciudad. Pensó en ella durante los primeros segundos de consciencia. Pensó en ella durante los primeros minutos, desperazándose. Pensó en su jodido olor a avellana en el primer cuarto de hora, levantándose de la cama, calzándose esas horteras zapatillas de estar por casa, dirigiéndose al baño para lavarse la cara. Pensó en su jodido pelo despeinado durante la primera hora, mientras desayunaba galletas con forma de dinosaurio triste y sorbía un café sin leche. Pensó en sus jodidas pestañas espesas durante toda la tarde, mientras atendía a sus pacientes y olvidaba pequeñas enfermedades. Pensó en su jodida espalda por la noche, mientras se daba calor a sí mismo.
Pensó en ella así, día tras día, mientras se hacía sangre en la mirada.


Rocío.

domingo, 8 de abril de 2012

Anábasis.


Mero ahorro, Señor, hubiera sido
hacernos todo
desmemoria
y sexo.

José Miguel Ullán





Emprender el viaje de la desmemoria
supone una serie de
pequeñas renuncias diarias:

la piel:
el contacto,
la caricia:
el temblor,
las lágrimas:
el hallazgo.
 
 
Rocío

miércoles, 4 de abril de 2012

El ciclo.


Como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor.

Luis Cernuda


Dead Man, Jim Jarmusch, 1995.


No le culpéis de nada, aun está llorando el último cuerpo. Ahora solo quiere dormir durante 3 o 4 meses, como hacen algunos animales al llegar el invierno. Despertar y ser otro, otra la estación, otros los ojos. Es tan fácil ser animal, piensa. Reunir miguitas de pan o pequeños cadáveres en una madriguera y luego dormir, dormir, dormir. Tener criaturas, cuidarlas, darles de comer. Volver a repetirlo todo una y otra vez.
No pensar en el amor nunca más.


Rocío.

domingo, 1 de abril de 2012

Irisación.


¿Por qué otra cosa
dejarías caer todo aquello
que has acumulado?

Louise Glück

La Chinoise, Jean-Luc Godard, 1967.


Notar que se me congela el corazón
cuando las cerezas están de temporada
y se me entorpecen las manos
al coger las cosas en el supermercado.

Ver cómo empujas el carrito de la compra
y sonríes
y hablas de la cotidianeidad
de la subida de los precios de los alimentos básicos,
de lo raro que es cocinar para dos
limpiar para dos
una almohada para dos
querer para dos.

De los 10 grados de distancia
que quedan siempre entre
nosotros y el mundo.


Rocío.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Óculo.


Labitur ex oculis nunc quoque gutta meis.

Ovidio, Tristia: I, 3

 

En el fondo los ojos sí que importan
si llegan anunciando catástrofe.
***
Entre la pupila y la retina
hay algo que no se ve
y que ya nos está destruyendo.
**
Lo que está detrás aun
nos queda demasiado lejos.
*


Rocío

lunes, 26 de marzo de 2012

(Bis)


Porque las huellas borran las huellas
y aun así seguimos empeñados.




Porque el hombre,
dicen,
es el único animal
que tropieza dos veces
en la misma piedra.

Porque somos animales
y tu piel es la misma jodida piedra
donde tropezar,
una y otra vez
                         una y otra vez
in-ter-mi-ten-te-men-te
de amor.


Rocío.

domingo, 18 de marzo de 2012

Ab urbe condita.

 

Hay mundos que cuelgan de los árboles. 

Dylan Thomas




 
París-Texas, Wim Wenders, 1984.


Nos quejamos a veces
de lo lejos que estamos los unos de los otros.
De lo apartados que parecen
los cuerpos,
el aliento,
esa bufanda de ese cuello,
estas manos del suelo.

Nos quejamos
de lo rápido que camina aquel hombre
porque cruza la avenida sin mirar
y sus piernas parecen una legión
de soldados veloces.
De lo despacito
que va la señora de azul
porque camina mirando las baldosas,
cuidando de no pisar ninguna fisura del suelo.

Nos quejamos.

Del precio de las naranjas,
de los horarios de los autobuses,
de las líneas de metro,
de la radio de la vecina,
de los perros,
de las putas,
de las esquinas llenas de perros y putas, 
del carmín en una camisa,
del ruido del frigorífico,
de, noche tras noche,
no poder dormir.


Pero nadie repara en ellas,
en esas masas de hormigón,
tierra y pluma.
Nadie advierte su angustia,
su soledad:

nadie habla del cansancio de las ciudades.



Rocío.

viernes, 16 de marzo de 2012

Prelavados.

 ¿Quieres mirar la lavadora conmigo?
Tu vida en 65 minutos
 
 
En la película Tu vida en 65 minutos, al protagonista le gustaba mirar la lavadora y era este un momento especial que compartir con alguien a quien se quiere. En la película Mi vida sin mí, Don, mira cómo duerme Ann dentro de una lavandería.

El amor es mirar mientras se lavan las cosas del mundo.

Rocío.

domingo, 11 de marzo de 2012

El punto de articulación.



"Amanece pronto", donde los dos lexemas constituyen un mensaje común y corriente, y los trece fonemas, alineados en ese orden, y solo en ese, constituyen el fundamento de la cadena fónica significativa.

Álvaro Calderón Rivera


Fotografía: Eddie Kiliqowski


Mi nombre empieza por vibrante múltiple.
Hace mucho frío aquí dentro, 
las letras silabean de miedo.
Los días de la semana son dragones azules
con fauces pequeñas. Tus ojos no me miran.
Los caballos están sucios y secos.
La piel es un tubérculo o un tratado de fonética.
Amanece pronto:
y yo sigo sin saber decir adiós.


Rocío.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Pares mínimos.

He olvidado el poema que te escribí
esta tarde cuando me aburría en clase,
un poema que hablaba de nosotros
y de las primeras personas del plural,
esas que son siempre las más castigadas.

He olvidado también que el poema
hablaba de no definirnos,
de no pronunciar,
de no saber quiénes éramos.

Qué tontería,
pienso ahora,
que sé que no eres nada
y que al final va a ser cierto
y definirse es una forma de ser,
de sujetar a alguien
para que no caiga
o para que no se vaya.


Rocío.

sábado, 25 de febrero de 2012

(des)habituarse.


Los tálamos, con la añoranza de los hombres, se llenan de lágrimas.

"Los persas", Esquilo.


Película París, Texas de Win Wenders, 1984.

Llorar a veces es tan absurdo... tan grave, tan húmedo. No quieres hacerlo pero de repente ya lo estás haciendo y no puedes parar y los ojos y sus cuencas y oh por dios, la deshidratación. No no no ¿quién quiere derramarse por las pupilas? ¿quién quiere qué? si no hay motivos para hacerse agua todavía. Si todavía no te han herido y tú ya esperas la cicatriz, el golpe que te haga perder el conocimiento.

Llorar a veces es tener una premonición: la del cataclismo.
Como escribir, pero sin mojar nada.


Rocío.

jueves, 23 de febrero de 2012

Y qué más dará todo lo demás.

Hacía tanto tiempo que no me emocionaba tanto... creo que nada me hacía llorar así, de esta manera, desde hace 1 semana, la primera vez que me cogiste de la mano. Así que, en cierto modo, esto eres tú y yo. Y por supuesto, también vosotros.

 

Lo que la piel no dice



No está escrito en ningún sitio que la piel quiera ser envenenada, ni que prefiera la tinta, a la limpieza original. No está escrito que la voluntad tenga derecho a imponerse sobre la naturaleza. Ni que las mujeres quieran vivir grabadas en los brazos de unos hombres, que tal vez, algún día, no serán suyos. Nadie sabe si es del todo lícito imponerse una condena, una marca, un estigma. No está escrito que sea justo que el dolor se premie, ni que la moda o el adorno o el capricho tengan por qué mezclarse con el alma. No hay razón para atarse a un símbolo cuya trascendencia puede ser transitoria y su presencia permanente. Nadie nos obliga, ni puede obligarnos, a decir para siempre. 

Y sin embargo más de una vez lo decimos. Y más de una vez nos manchamos la piel, con la tinta de una idea, de un presagio, de una certeza, que después se olvida, de un amor que después se pierde, o se arruina, de una emoción que creímos duradera, pero que al final, por más que nos neguemos a verlo, estaba de paso. Se van quedando los días, que ya fueron, en la piel, y al mirar atrás, son las marcas las que nos recuerdan aquello que fuimos. 

Tal vez en algún momento soñemos con escapar de esta condena, porque al querer ser otros, nos condenamos irremediablemente a ser lo que ahora somos. Y pesa. ¿Pero acaso no pesan también los besos, las palabras que dijimos, el daño que hicimos y el que nos hicieron, acaso no pesa también la historia invisible que arrastramos? 

No sólo existe lo que puede verse, existe también lo que se intuye, lo que se promete, lo que se da, existe lo robado y lo que no conseguimos robar. 

La vida se amontona en los márgenes de la piel señalada y la piel señalada, se va convirtiendo en una nota al pie de la página de nuestra historia. 

¿Qué dicen los versos de amor cuando el amor se ha ido, a quién le hablan, qué explican exactamente? ¿De qué o de quién hablan las canciones del pasado? ¿Qué fue de la furia, del rencor, del entusiasmo, del champán y su resaca? ¿En qué momento nos dimos cuenta, de que nada de lo nuestro, era nuestro para siempre? 

La piel recuerda. Y en la temporada de las lluvias, no se borran nunca todos los caminos de vuelta a casa. La piel recuerda un tiempo anterior a la tinta, antes de ser señalada, y recuerda, un tiempo de soledad, antes de ser amada, aunque a menudo no recuerde con precisión el motivo de todo lo sucedido. 

Las señales que dejamos nos permiten reconstruir las cosas que rompimos. Se avanza a tientas por el pasado, y aunque no todas las piezas encajan, y algunas ni aparecen, poco a poco, se reconoce un olor, un momento, una noche, o el color de sus ojos. Las señales que dejamos en la piel, nos traen algunas de las cosas que tuvimos, que fueron nuestras, cuando el tiempo no existía, y la memoria no era necesaria. 

Porque puede ser que nada se recuerde, pero también puede ser que el amor se empeñe en pelear contra el olvido, como un boxeador sonado y persistente. Puede ser que los días se sobrepongan al rigor de los días, que todo se sume y se amontone, que nada se pierda del todo. Y puede ser que la piel quiera recordar después de todo, los nombres de las mujeres amadas, y las causas de todas las batallas, ganadas, o perdidas, y que los pasos en la nieve no se vayan con la nive. No es imposible, que lo que pareció arrogancia o locura termine por dar fé de lo que fuimos, y que nuestras manos se llenen, cuando ya no esperemos nada, de nuestros pasados y, tal vez, de otros futuros. 

No puede descartarse que en algún momento, recuperemos el orgullo y el sabor de lo vivido. No puede descartarse que volvamos sobre nuestros pasos, que reencontremos el sentido a lo perdido, ni debería ser imposible, y seguramente lo sea, que llegado el día, volvamos a entender el código cifrado de nuestra piel, el mensaje en la botella que lanzamos hace mucho, mucho años. 

Puede ser, incluso, que al final del camino, volvamos a hacer las paces con el tiempo y empecemos a entender, de nuevo, como niños que recuerdan donde escondieron sus tesoros, nuestros propios tatuajes.






Ray Loriga

domingo, 19 de febrero de 2012

Tú, que eres febrero.


A mi madre, en su cumpleaños.




Recordar lo enorme
del milagro de la vida
y su multiplicación de las entrañas.
Recordar tu juventud,
lo diáfano,
lo pequeño:
el mundo es un dialecto.

Y ver cómo el tiempo pasa,
cómo el tiempo te abraza y te mece
y te quedas dormida,
minúscula,
en tu sueño.

Y ver cómo despiertas
cada mañana,
cómo naces
cada mañana,
cómo me pares
in-can-sa-ble-men-te
cada mañana.

Y escribir este poema para ti,
solo para ti,
que tienes el corazón pálido
como decía Eluard,
de tanto esfuerzo
y tanto amor.


Rocío.

domingo, 12 de febrero de 2012

Hija de Pléyone.

 Ve y derrama en su pecho un poco de néctar y ambrosía para que el hambre no le atormente.

La Ilíada, Canto 19, Homero.


 
Fotograma de La mirada de Ulises, Theo Angelopoulos, 1995.



Yo debí haber nacido en un pueblo griego
de hace 2000 puntos suspensivos.
Quizá ciertos rasgos me acompañan,
pero no los suficientes para haber visto
el sol dorando mitos y cítaras.
Yo, que debí haber sido griega y trágica
y quizá una hidra.
Yo que pude haber conocido a Safo en Léucade o
haberme enamorado en silencio de Anacreonte,
estoy solo destinada a leer lo que otros vivieron
y a recordar el azul lejano de unas islas
y su impacto en mi retina.
Yo, que me arranqué los ojos
y me quedé ciega,
yo...
debí haber llorado a Homero.



Rocío.

domingo, 5 de febrero de 2012

Como una luz de domingo.

 Everyday is like sunday,
everyday is silent and grey.

Morrissey





Como una luz de domingo 
a las 11.38 de la mañana 
entrando por los agujeritos ciegos
de las persianas.
Como el pie que asoma, 
desnudo,
como la mano que busca, 
desnuda,
como el cuerpo que se queja
queriendo ser desnudo también
pero no encuentra nada,
y se da la vuelta
y no hay nada,
solo la luz
y un cielo puntiagudo
que se cuelan
por la almohada
y son las 12.06
y amanece domingo 
como si a nadie le importara.




R.

jueves, 2 de febrero de 2012

Tic-tac tic-tac.


 
Escucha cuán rápido me late tu corazón.

Wislawa Szymborska

 Fotografía de Hajime Sawatari.



Y sé que llueve
y sé que en algunos lugares nieva,
que hace frío y
que sopla,
fuerte,
el viento.
Pero te prometo,
de verdad,
te prometo
que aquí dentro es primavera.


R.

lunes, 30 de enero de 2012

Espacio euclídeo.


 Las corrientes del tiempo nunca son iguales para dos personas, 
ni siquiera cuando son amantes.

 Yasunari Kawabata


 Fotografía de Zweifellos Mondbetont.


No sé de qué manera el tiempo te habrá hecho justicia
o simplemente daño.


tampoco sé el idioma frío de la desposesión,
ni entiendo lo indefenso de tu cuerpo.

yo solo conozco los silencios
que le faltan al mundo
para callarnos.



R.

sábado, 28 de enero de 2012

1.


(Imaginad las clavículas más bonitas del mundo aquí.)



Y él le dijo:
hágase en mí según tu palabra.


Y en su cuerpo se hizo
la idea
la palabra
y el arrepentimiento.



Debería estar leyendo artículos sobre el lenguaje y las nuevas formas de literatura en la actualidad. También debería estar viendo una película y tomando notas. Pero he pasado 35 minutos bajo el agua. Quería que algo suave me acariciara, que lo hostil quedara en la toalla. He escrito 3 poemas, he cantado muy fuerte 2 canciones tristes y te he odiado durante 5 segundos: el tiempo justo para saber que fuera de tus clavículas el mundo es irrespirable.


Rocío.

viernes, 27 de enero de 2012

Abendmüdigkeit o el cansancio crepuscular.

 Café de Montmartre, S. Rusiñol.

"Se van también los viejos cafés donde nos fuimos convirtiendo en escritores, deshojando las flores, malgastando la vida y soñando en la gloria. Porque el café fue siempre el hogar de los que vivimos de alquiler, defendiéndonos de la propiedad en el calor de la tribu: cafés con pianista, merenderos de parque donde se quedaban las manos heladas y era más fácil darse un beso que acabar un verso, cafés de velador de mármol y divanes rojos, tabernas de puerto y de mala vida [...] o los cafés de Viena, donde se volvieron amarillos los periódicos de nuestra juventud, en aquellos días mágicos que convertían las cartas en flores, las hojas en abanicos, y la pena de escribir en una especie de alegría; sin saber por qué, pero sin preguntarse nunca cuánto.”
"El esnobismo de las golondrinas", Mauricio Wiesenthal.


Algún día te contaré que todavía no he ido a ninguno de esos cafés. Que no sé cómo huele el café tostado en un rincón de Viena y tampoco puedo imaginarme el Orient Express atravesando Asia, con Mata-Hari dentro. Que ni siquiera soy vieja todavía. Ni siquiera nada, todavía. Pero que aquí estamos, que siempre hemos estado aquí. Que la gente en los cafés ha estado siempre allí. Que el escritor del abrigo largo que se sienta al fondo, siempre estuvo allí, al fondo. Que tú siempre estás ahí y tú siempre serás ese escritor: fumándolo todo, probándolo todo, viviéndolo todo. Que yo siempre estaré aquí, del otro lado, siempre-siempre-siempre. Aunque tú estés muy entretenido escribiendo y no levantes la cabeza ni siquiera cuando la camarera te sonríe. Aunque no me veas, algún día te diré por qué no puedo oler el café tostado, ni los charcos al salir, ni la música que hace tin-tín en el gramófono, ni el amor, ni la vida.
Algún día te contaré que estoy naciendo todavía.


Rocío.

martes, 24 de enero de 2012

Poemas, dibujos y técnicas para no aburrir a los alumnos.


Hoy en clase hemos hecho dos ejercicios muy interesantes. El primero consistía en hacer un dibujo de lo que nos sugería un poema de García Lorca. El segundo era todo lo contrario, escribir un poema ayudándonos de un cuadro. Este es el poema que he escrito en 10 minutos, de lo que el cuadro me ha provocado.
Es muy rudimentario y malo, soy consciente, pero me ha parecido una actividad genial que poder hacer con futuros alumnos. Me lo he pasado chachi hoy en clase, he de confesar. Pintando, hablando de libros, escribiendo poemas... Al final, va a merecer la pena un poquito (solo un poquito) este máster.


 (Guernica, Pablo Picasso, 1937)


Bocas, 
manos.

La desesperación se extiende por todo el lienzo.


Miedo,
hambre.


Todo el horror de un sordo bombardeo.


Lamentos,
gritos.


La muerte se hace carne
en una sucesión desordenada
de cuerpos.


Rocío.

domingo, 22 de enero de 2012

Ἀνάγκαιη.

 (Mis pies, mi bufanda, mi polaroid)

 *

No existe el tránsito. No aquí. No avisan de los cambios bruscos, se producen porque sí. O casi. Como la fuerza que atrae las mareas. Todo aquí es así. Los días-la rapidez-la velocidad. Y, de repente, todo se para en seco. El vacío y la respiración ahogada. La mano, en suspenso, que se escapa del borde de la cama. El pájaro entumecido en la última rama. Tus ojos que no se callan. Porque no existe el tránsito. No aquí. No nos avisaron de los cambios bruscos. Las fieras-los huecos-el asfalto. 

*

Sin tránsito, las respiraciones se golpean. Los días-la rapidez-la velocidad. Comprendemos rápidamente lo inevitable de las mareas, el tiempo y la sed.





Rocío.

miércoles, 18 de enero de 2012

Re-cordis (II)

Últimamente todo a mi alrededor es recuerdo y memoria. Dirán que eso es bueno, que como ejercicio cerebral, recordar las cosas es físicamente bueno. Yo no lo sé, pero de un tiempo a esta parte lo único para lo que estoy capacitada es para recordar cosas que ya han pasado. Digo esto porque tengo una semana para elegir el instituto donde quiero realizar las prácticas como profesora de Lengua. Y tengo ante mí (porque no he dejado de mirar este folio en blanco) la solicitud. Decidir qué centro elegirás... es un poco tonto quizá. Las prácticas no representan gran cosa y no te garantizan nada en absoluto. Pero creo que supone un paso, uno bien grande, que es el de dejar atrás tu yo "estudiante" para dar la bienvenida a algo que pronto será tu yo "docente". Y aunque uno no deja nunca de ser estudiante o de aprender al menos, ya entendéis lo que quiero decir con esto. Es como si la madurez estuviera concentrada en este DIN A-4.






Cuando estaba estudiando la carrera vivía en la despreocupación total. Los 4 años de Filología se me antojaban una eternidad y casi que pensaba que antes de verme como profesora, habría un cataclismo, moriría atropellada por un autobús de la empresa Castillo al bajar a la facultad (cosa que tampoco descarto aun) o se me quitarían las ganas de enseñar. Pero resulta que los 4 años pasaron y alguno más también y ya hay que ponerse serios. O intentarlo por lo menos.

Supongo que la vida es un poco así ¿verdad? Que hacerse mayor es un poco esto: darte cuenta un día de que has crecido, que sigues teniendo miedo pero debes cumplimentar un formulario en blanco. Que todo está en blanco y eres tú quien escribe. Que eres tú a quien empujan a elegir.


Rocío

domingo, 15 de enero de 2012

Re-cordis.

. 
Me da pena pensar que algún día querré 
ver de nuevo este espacio, tornar a este instante.
Me da pena soñarme rompiendo mis alas
contra muros que se alzan e impiden que pueda volver a encontrarme.
 
José Hierro.
 
 
 
La imagen del patio encalado, lleno de macetas y rosales. La imagen de los bancos de piedra que lo rodean. La imagen de mí misma con 8 años, sentada en uno de esos bancos de piedra, el más pequeño. Moviendo las piernas desnudas, llenas de verano y heridas de juego. Y mi abuelo entrando por el portal con alcohol, mercromina y algodón. 
 
La imagen del patio encalado, lleno de macetas y rosales vuelve una y otra vez. ¿Estaré viviéndola de continuo en alguna otra parte? ¿He salido de aquel patio alguna vez? Creo que no. Nunca he tenido más de 8 años. Abuelo, escuece. Y los recuerdos también.



Rocío.

jueves, 12 de enero de 2012

Nebulosa Boomerang.




No todos necesitan de la luz
en igual medida. Algunos
creamos nuestra propia luz: una hoja plateada
como un sendero que nadie puede recorrer, un lago de plata
poco profundo bajo la oscuridad de los arces.

Pero esto ya lo sabes.
Tú y aquellos que piensan
que viven por la verdad, y en consecuencia,
aman todo lo que es frío.

Louise Glück 


 (Fotografía tomada de aquí)



Porque estás frío. 

Y nadie cree ya que 
el calor pueda volver a tus mejillas. 

Porque estás muerto. 

Y nadie cree ya que 
los muertos puedan brillar. 

Pero ahí sigues tú,
de pie
y empeñado en estar
presente en la vida
porque te crees grande, 
luminoso,
cierto. 

Y solo eres el frío 
blanco, 
crudo y 
pequeño,
de un niño sin guantes. 

Rocío.

domingo, 8 de enero de 2012

3:13


Eres una palabra en un índice.
Jorge Luis Borges.



Yo también me pregunto qué es lo que hace que el mundo gire más lento. Qué es lo que hace que la gente esté tan ciega. Y que no se escuche a nadie, ni se den prórrogas. Y se crea uno único, y solo y especial. Cuando somos muchedumbre todos los días y a todas horas. Cuando estamos todos ahí, igual de solos, en la calle. Cuando todos somos nuestro lenguaje, nuestras palabras, nuestras verdades y nuestras mentiras. Porque todos estamos igual de llenos o vacíos de absurda felicidad. Porque no hay unidad en nada. Ese rollo es mentira. Porque quien busca, falla. Porque quien se erige uno, falla. Porque quien cree vivir al margen, falla. Porque quien se cree un rapsoda, falla. Porque estás fallando. Porque esta noche ya no habrá tiempo de nada. Ni de esperar la marea que te devuelva lo único que te queda: los recuerdos que ya no eres.


Rocío.

jueves, 5 de enero de 2012

No hay orden intacto.

  
Cajas que guardan silencio de cangrejos devorados.
 Federico García Lorca




Acaba de mudarse y se ha sentado a oscuras en el suelo del salón. Las cajas sin abrir le rodean. Fuma. Está sola. Pero se nota que le gusta esa nueva sensación. Quizá le parezca limpia o reconfortante. Se siente segura, cómoda, en este desfile de cartón y pertenencias que laten cerca. Como si ella tuviera al fin el mando. Es por eso que, con total seguridad, no abrirá nada y pensará que tiene la ocasión de ir sacando poco a poco, a su antojo, solo las cosas que le hacen falta. Como si no tuviera prisa por ordenar su contenido. Como si pudiera empezar de nuevo. Como si la vida le estuviera concediendo una nueva oportunidad de desembalarla.



Rocío.

domingo, 1 de enero de 2012

Recomenzar.

Este año Ariadna ha prometido ser más buena y no hacerse líos ni enredos con los hilos. Que los va a cortar todos. También ha prometido dejar de jugar y ser más responsable. Que ya no va a ser más una niña, dice. Que ya es mayor y hará cosas de mayores. Enamorarse y despertar, dice. Que se ha cansado de tejerle abriguitos de lana al minotauro y pantaloncitos a Teseo para terminar con el corazón entero. Que no quiere quedarse dormida en el laberinto ni una vez más. Que quiere ver el mar y las olas y bañarse. Que no le importa aprender a nadar, de verdad que no, pero que quiere ser mayor.



De nuestro puño y letra.




Rocío.