viernes, 13 de abril de 2012

Hemolacria.

Quizá los que han nacido
solos no puedan ya
dejar de estarlo
nunca, vivir de otra manera.

Javier Rodríguez Marcos

Fotografía aquí



La mañana del 29 de septiembre, el doctor Champfleury se despertaba en su cama de 90cm en un pequeño piso de nosesabequéciudad. Pensó en ella durante los primeros segundos de consciencia. Pensó en ella durante los primeros minutos, desperazándose. Pensó en su jodido olor a avellana en el primer cuarto de hora, levantándose de la cama, calzándose esas horteras zapatillas de estar por casa, dirigiéndose al baño para lavarse la cara. Pensó en su jodido pelo despeinado durante la primera hora, mientras desayunaba galletas con forma de dinosaurio triste y sorbía un café sin leche. Pensó en sus jodidas pestañas espesas durante toda la tarde, mientras atendía a sus pacientes y olvidaba pequeñas enfermedades. Pensó en su jodida espalda por la noche, mientras se daba calor a sí mismo.
Pensó en ella así, día tras día, mientras se hacía sangre en la mirada.


Rocío.

9 comentarios:

Ana Barrera dijo...

Qué bonito es leerte, Rocío

Amanecer Nocturno dijo...

Este hombre sí que es un pensador contemporáneo. Lo demás son tonterías.

enletrasarte(Omar) dijo...

qué cama tan pequeña!
un relato ameno
saludos

Yeamon Kemp dijo...

Los primeros segundos de conciencia nunca son buenos. Es mejor no fiarse de ellos.

Raquel F. dijo...

Ojos que arden ante la ausencia, al fin y al cabo.

Anouk A. dijo...

Rocío, genial este texto, me ha encantado. Las galletas con forma de dinosaurio triste, quintaesencia de la desolación mañanera xD

Anónimo dijo...

http://sentiverdades.blogspot.com.es/2012/04/tiendo-infinito.html

un humilde villano de vodevil dijo...

Gran entrada y gran blog. Sigue así, es genial :D

dulce susurro de cuchillas dijo...

Siento ganas de curar tu jodido mundo...con la mirada.

Muy bueno Rocío
bsos