jueves, 29 de diciembre de 2011

Tercetos.

 
Fue la Odisea la que hizo las palabras, no las palabras las que hicieron la Odisea.

Paul Claudel

Fotograma de la película Trois couleurs: Bleu, Krzyztof Kieslowsk, 1993.


Después de haberlo cerrado en ocasiones, después de borrarlo todo, de ahora sí y ahora no, de ahora me enfado y no escribo... este blog cumple tres años.

Y todos los "aniversarios" digo lo mismo. Cuento cómo nació este engendrito tan guapo. Que, siendo filóloga, no podía nacer en otro lugar que no fuera una biblioteca. Saltándome clases de literatura (bah, ¿quién quiere saber qué obras escribió Cadalso?) con un amigo, abrimos este blog. Porque además, hoy también es el cumpleaños de mi poeta favorito, Luis Alberto de Cuenca. Y como la casualidad me pareció tan poética, decidí parir la Cafetera de Einstein, que me ha dado disgustos y alegrías a partes iguales.

Aún recuerdo esa primera entrada (que como borré el blog entero hace meses, os fastidiáis y no podéis ver), un poema de Góngora, mientras por competir con tu cabello, oro bruñido... el blog empezó modo filóloga friki ON. Luego le siguieron mis desafortunados comentarios políticos, una retahíla de comentarios sobre películas, recomendaciones de grupos de los años 60 y POR FIN, mis poemas.

Así que tres años más tarde aquí estamos, mi cafetera y yo. Yo, casi igual, con los ojos más verdes pero también más cansados, las manos igual de pequeñas e intentando verbalizar el mundo. Y la cafetera, diferente, sin café porque no nos gusta y dispuesta a fabricar versos.

Gracias a esto he conocido a gente maravillosa que ha dejado de ser un puñado de letras (y mirad que ser un puñado de letras es serlo ya prácticamente todo) y se han convertido en amigos. También desde aquí han nacido iniciativas, colaboraciones o publicaciones para otros lugares. Así que muchas gracias a todos los ojos que se han paseado y se pasean por aquí.

Ah, Feliz año también. Que sirva esta entrada -cual 2x1- para despedir el 2011.

Os deseo que el 2012 sea, al menos, clemente.
Para mí pido solo una cosa: un azul como el de Juliette Binoche.


Pd. Bueno, vale, también pido que Rajoy no congele las oposiciones de 2014, pero eso es ya harina de otro costal.



Un abrazo,


Rocío.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Bordear el silencio.


Te regalaré un abismo, dijo ella.
Roberto Bolaño


Fotograma de Lolita, Stanley Kubrick, 1962.


Puedes conducir cuanto quieras. Puedes tomar todas las curvas que encuentres, puedes hacer giros imposibles, peligrosos, acelerar, frenar o chocarte. Pero prometo abandonarte en la primera parada que hagamos. Soy débil. Cuando no oiga el motor en funcionamiento y el asiento deje de vibrar bajo mi cuerpo, sé con total seguridad que me bajaré del coche y huiré. Echaré a correr; primero muy rápido, para que no me alcances, luego cada vez más despacio. Pararé a descansar los brazos y el peso de mi cuerpo apoyada en mis rodillas. Me limpiaré la arena y el polvo de mis calcetines blancos. Jadearé, miraré atrás y lloraré un rato. Me sentiré perdida. Sabré en ese instante que siempre te echaré de menos. Y querré morir. 
Así que ahora ya lo sabes. No pares el puto coche.


Rocío.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

De verbo ad verbum.



 Y ves que los renglones se estrechan,
las letras se amontonan
y comprendes el hueco imposible,
el espacio que nunca compartimos
y este bello recurso de contarte la vida
poblando de historia y de sueños
las hojas tibias del dolor
que tanto me recuerdan tus muslos o tu espalda.

Javier Egea

 Fotografía: Laura Phabre.



Nunca creo en nada
que no me haya hecho daño antes.

Es así como,
desde la herida de tus palabras,
yo consigo tenerte fe ciega
y extender mis manos
y dártelas para que las cortes.

Pero quién escribe después,
sin manos
y con miedo,
esta historia de silencios.


Rocío.

domingo, 11 de diciembre de 2011

La pluie.



Y ahora que está aquí, mi amor,
tú que eres todas las mujeres.

Luis Alberto de Cuenca.



 Fotografía: Jessica Silversaga.


Igual
exactamente
igual
a la pureza de las vírgenes,
esta noche has venido a mí
en forma de lluvia.

Y esos dedos largos
han chapoteado
despacio
por la punta media
del pecho.

No sabemos bien
qué somos,
pero quién entiende
de identidad
cuando el agua te
adormece la piel
y hay amor
y sueño.



Rocío.

viernes, 9 de diciembre de 2011

La tengo sólo desde hace un par de horas, pero ya me he dado cuenta de algo: la vida es mucho más bonita a través de ella.



Rocío

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Hey, hey, hey!

Es muy tarde, lo sé. Pero no puedo esperar a mañana. Mañana será un día intenso, además.
Estoy feliz de la vida. A más no poder. Y quería decir también que tengo un nuevo hijo. Que Beatriz y yo tenemos un hijo-blog adoptivo. ESTE.

Esperamos que vuele mucho.


Rocío.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Nos tiemblan demasiado las manos.



La gente tiene cuchillos en las manos,
habitaciones a oscuras,
sangre en las paredes,
jóvenes amantes,
asesinos familiares.
La gente tiene cuchillos en las manos
y juega a acariciarse.

David Eloy Rodríguez


Película Las vírgenes suicidas, Sofía Coppola, 1999.


La gente también,
a veces,
tiene hambre
y devora a sus hijos.

La gente también,
 a veces,
sólo a veces,
tiene amor
y muere.

Rocío

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Prefacio.



Nuestros sueños son nuestra única vida real.
Federico Fellini




Película Womb, 2010, Benedek Fliegauf.


Nunca nada es como imaginábamos. Aquello que esperabas a plena luz del día, lo encuentras a veces en las esquinas y en los callejones, en un mes helado o en esa oscuridad de lo desconocido que encierra la noche.

Noviembre y su frío se acaban y aquí sigue siendo complicado caminar entre la gente sabiendo que tú también me esperas al otro lado.


Rocío.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Rara avis.



A Rocío, sin jaulas.


Se desnudó.
Dejó atrás sus vestiduras
de presidio y voló
más allá de su propia sombra.
Trepó desde el silencio
hasta el alféizar de mi noche.
Y allí se posó: cantando
palabras repletas de avidez
y juventud, impúdicos
vocablos embriagados
por el néctar de mil y una
locuras; herejías provenientes
de quién sabe qué cielo.
Fue así como llegó
hasta mí el trino de sus alas,
el verde batir de sus ojos,
sus plumas engastadas
en la piel de una sonrisa.
Incasable, se derrama
sobre las palmas abiertas
de las hojas, con la voracidad
del llanto
de un delirio recién nacido.
Se entretiene jugando
a contar cada pliegue de las olas
y se empeña en traducir esas
conversaciones que en secreto
mantiene el viento con los recodos
más remotos de la tarde.
Anidaste en la rama de mis horas.
Picoteas la ternura
como quien comete un crimen
atroz y pasional. Y aunque
tu canto se escriba desolador
como los páramos de Comala,
de la tierra en la que siembras
universos,
cicatrices
y demás criaturas,
brota el árbol de las frutas
más deliciosamente prohibidas.
Vuela, ave libre...
Sé que no hay jaula
en la que quepan tus sueños.
No olvides que un día
anidaste en la rama de mis horas.
No dudes de que, entre
la fronda de mis incertidumbres,
hallarán siempre cobijo tus palabras
y tus silencios.


Héctor Vargas Ruiz.




Esto es lo que ocurre si es tu cumpleaños y tienes un amigo que escribe así de bonito y es detallista.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

23.

Pero noviembre vuelve
con la torpe paciencia de la fidelidad
(las huellas del amor sobre los hombros
como una caravana de detalles confusos),
y acaso pueda ser una conquista,
porque todo es más claro.

Luis García Montero



Nací un 23 de noviembre
a las 11.45 de la mañana
mediante cesárea de urgencia.

"Sufrimiento fetal"
dictaminó el médico,
"poeta"
lloró mi madre.


Rocío.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Recordad este día.

De este día tan importante para el futuro de España (o eso dicen los telediarios) yo me quedo con este poema de León Felipe. Somos memoria o recuerdo o una burla horrible.
El caso es que todo se repite.




Oh, este dolor,
este dolor de no tener ya lágrimas;
este dolor
de no tener ya llanto
para regar el polvo.
¡Oh, este llanto de España,
que ya no es más que arruga y sequedad
mueca,
enjuta congoja de la tierra,
bajo un cielo sin lluvias,
hipo de cigüeñal
sobre un pozo vacío,
mecanismo, sin lágrimas, del llanto!
¡Oh, esta mueca española,
esta mueca dramática y grotesca!

¡Llanto seco del polvo
y por el polvo
por el polvo de todas las cosas acabadas de España
por el polvo de todos los muertos
y de todas las ruinas de España
por el polvo de una casta
perdida ya en la Historia para siempre!

Llanto seco del polvo
y por el polvo. Por el polvo
de una casa sin muros,
de una tribu sin sangre,
de unas cuencas sin lágrimas,
de unos surcos sin agua.
Llanto seco del polvo
por el polvo que no se juntará ya más,
ni para construir un adobe
ni para levantar una esperanza.
¡Oh!, polvo amarillo y maldito
que nos trajo el rencor y el orgullo
de siglos
y siglos
y siglos.
Porque este polvo no es de hoy,
ni nos vino de fuera:
somos todos desierto y africanos.

.................................................

Tierra arenosa sin riego,
carne estrujada sin llanto,
polvo rebelde de rocas rencorosas
y lavas enemigas,
átomos amarillos y estériles
del yermo,
aristas vengativas,
arenal de la envidia...
esperad ahí secos y olvidados
hasta que se desborde el mar.

León Felipe.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Nowhere man.

Y es que a pesar del amor de los brazos
y de las piernas abiertas la soledad regresa
con sus dudas.

Pablo García Casado





El 29 de agosto de 1966
nuestro grupo favorito

(ese que sonaba antes de
que tu padre y tu madre
culminaran la creación del mundo contigo)

daba un concierto en el
Candlestick Park
de San Francisco.

I wanna be your man o
She's a woman
hacen retumbar las yardas
del estadio.

Un enjambre de piernas y muslos
empiezan a moverse entonces
poseidos por la melodía;
un ruido de sexos y
labios chocando al unísono
nos preceden:
podría ser la música la antesala del amor
si tú quisieras.

pero todo esto a ti te importa
poco o nada.

haciendo honor a la canción
siempre fuiste

un hombre de ninguna parte.


Rocío.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Resurrección, de Manuel Vilas.

A veces por azar una encuentra cosas tan bonitas como esta, que te hacen sonreir tontamente porque la literatura ya se te estaba olvidando. Últimamente con tanta psicología o pedagogía, se me escurren las letras, y los nombres y los datos, y casi ya no sabía quién era Bécquer o quién fue Rimbaud. Menos mal que existe un señor que se llama Manuel Vilas que me recuerda que yo amaba la literatura.




Los pies praguenses donde vivió Frank Kafka, y sus corbatas negras y sus sombreros y sus zapatos. El pelo enjuto de James Joyce, cuya mano quemó Dublín. Los amantes de Luis Cernuda, riéndose a sus espaldas. La esposa de Shakespeare, vieja y adúltera. Los ojos verdes y estrábicos de la enfermera jefe de la clínica en que murió Nietzsche. La mano de mujer que cogió los botines de piqué de Ramón Valle-Inclán y los arrojó por la ventana. La sífilis saltarina que Gustavo Adolfo Bécquer paseó por Madrid. La sífilis idéntica pero paseada por París de Charles Baudelaire. El padrenuestro que reza el fantasma de Rimbaud en una morgue de Marsella y Dios que se hace el sordo. El padrenuestro que reza Jorge Manrique antes de soltar la mano de su padre muerto. La risa de Quevedo mientras evacúa en una esquina de Madrid, en tanto rebota el mundo en su vesícula como una piedra verde. La madre con gota de Flaubert. La autopsia de Larra, su joven cerebelo. La carne de la máscara de Fernando Pessoa. La foto del padre de Dostoievsky en la billetera de Lenin. La cabeza muy grande de Rubén Darío, tan grande como su miedo. Las sopas de ajo que marea todas las noches el Manco de Lepanto con la mano buena mientras se mira con discreción la mano ausente. Los cien kilos secos que Oscar Wilde exhibe por los cafetines de París con orgullo marchito. La mano que aúlla de Pablo Neruda. El cadáver de Cela servido con guarnición de ministros. El gran desfile de la soledad de todos los tiempos, la soledad y sus palabras, la literatura.

 "Literatura" en Resurrección, de Manuel Vilas, 2005.

sábado, 29 de octubre de 2011

Umbilical.


Fotografía de Martina Falchetti.


Las ciudades se han llenado
de humo y niebla.
No puedes ver dos metros más allá
a tu hermano
o a tu padre
o a esa vecina del 5º
a la que te encanta espiar.
Y por eso disparas,
por eso lanzas la piedra,
por eso te salpica tu propia sangre,
por eso te empujan a huir.
Porque las ciudades nos están desahuciando
igual que uno expulsa un veneno,
así,
sangrándolo poco a poco.
Es por eso y sólo por eso
que uno coge sus cosas y se larga,
uno toca y se larga,
uno muere y se larga.
Y uno vuelve,
así,
len-ta-men-te,
al útero materno.


Anhedonia.

domingo, 23 de octubre de 2011

Somnus, -i.

Tengo la garganta atravesada de cielos
igual que el orador que un día
calla porque sueña con volar.


Anhedonia.

martes, 18 de octubre de 2011

Presagio.

                                                   (Fotografía aquí )

Como los perros ladrando
antes del desastre,
como un escalofrío
o un mal presentimiento,


también hay amores
que avisan
del golpe.


Anhedonia.

domingo, 16 de octubre de 2011

En hebreo el verbo ser no tiene presente.

No podemos decir
"yo soy, tú eres o ellos son".
No somos, ahora,
sino una estela de lo que un día fuimos
y de lo que algún día seremos.

Mientras, la nada.

La inexactitud,
el vacío,
el silencio.

La no conjugación de la vida.


Anhedonia.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Él es el silencio.

" Más allá de la oreja existe un sonido, la extremidad de la mirada un aspecto, las puntas de los dedos un objeto: es allí a donde voy. La punta del lápiz el trazo. Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espalda magia: es allí a donde voy. En la punta del pie el salto. Parece historia de alguien que fue y no volvió: es allí a donde voy. ¿ O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Te espero. Es allí a donde voy. En la punta de la palabra está la palaba. Quiero usar la palabra "tertulia", y no sé dónde ni cuándo. Al lado de la tertulia está la familia. Al lado de la familia estoy yo. Al lado de mí estoy yo. Es hacia mí a dónde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después de todo es real. Y el alma libre busca un canto para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé de qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien me dirá con amor mi nombre. Es hacia mi pobre nombre adonde voy. Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa. En la extremidad de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta . Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo. Yo al lado del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto. Oh, cachorro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente. ¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros. "


Clarice Lispector,  Silencio.

domingo, 9 de octubre de 2011

miércoles, 5 de octubre de 2011

Dime cuántos cadáveres más.

Si escribir era aniquilar, matar o exterminar... me pregunto cuántas más hay como yo, a cuántas más dejas desperdigadas en las cunetas, con los labios fríos, la piel amoratada y las cuencas de los ojos vacías de tanto amor.


Anhedonia.

domingo, 2 de octubre de 2011

Stand by.


Me he mirado despacio y no me encuentro.

Vicente Gallego




Hablo de los gestos. Los pequeños gestos cotidianos: el acto de levantarse de la cama, ojos a medio abrir, las marcas de la almohada aún en las mejillas. Ponerse los pantalones, la camiseta, los calcetines, pelear con los zapatos. Trenzarse el pelo frente al espejo, contemplar el reflejo que se muestra voluptuoso ante ti. Y comprobar el reproche del cristal: eso tampoco eres tú.


Anhedonia.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Latido/silencio.


¿Cuándo se deja de querer a alguien? 
¿Cuál es la línea divisoria 
que separa el calor del frío,
el sexo del vómito,
la felicidad de estar vivo 
y la rabia de no haber muerto?


Anhedonia.

viernes, 23 de septiembre de 2011

1, 2, 3... el silencio.

     
Nuestras palabras
nos impiden hablar.
Parecía imposible.
Nuestras propias palabras.

Pedro Casariego Córdoba.




Son ellas las que me impiden hablarte.
Las tuyas, 
tan certeras siempre, 
tan a la diana. 
Tirando a dar,
hiriéndome,
acuchillándome, 
llenándome de verdad. 
Dándome a conocer lo que ya sé, 
lo que escondo, 
lo que descubres
y desvelas,
lo que simplemente es.



Anhedonia.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Nunca seremos.



Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.

Alejandra Pizarnik






Nunca hubo nada menos definitivo que el adiós. Es tan fácil desandar los pasos, es tan fácil volver atrás, arrepentirse, llorarlo, pedir perdón. Es tan fácil y por eso, tan poco definitivo.
Por eso contigo me decanto por el hasta pronto. Es mucho más seguro. Nos distancia a ti y a mí, ahora sí, definitivamente, pero sin marcar hasta cuando. Es un poco contradictorio pero es así. Con el adiós sólo te decía no me dejes ir. Con este hasta pronto te disparo para siempre.


Sentimentiras.

martes, 13 de septiembre de 2011

¿Qué victorias busca el que ama?




Mi boca besa
lo que muere, y lo acepta. Y la piel misma
del labio es la del viento. Adiós. Es útil
norma este suceso, dicen. Queda
tú con las cosas nuestras, tú, que puedes,
que yo me iré donde la noche quiera.

Claudio Rodríguez.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Confesión.

Estoy cansada de los pájaros y de las jaulas. De la poesía y su escaparate expositor. Y de la sangre, las vísceras y el sexo. La poesía agota, la poesía mancha, suda, enfanga.
La poesía agujerea mucho más directamente que la prosa. Clava, pico y pala, las palabras. Hace daño. ¿Por qué entonces más y más poesía? ¿Por qué? Por qué no decir basta y morir.



Sentimentiras.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Hace frío.

Su mirada es mitad recelo, mitad súplica;
como la de los animales a los que acaban de disparar.



Sentimentiras.

martes, 6 de septiembre de 2011

¿Por qué pareces tan asustada?


Terminada la juventud,
se está a merced del miedo.

Olvido García Valdés


(Fotografía The end of Alice, vía Lissy Elle)


El conejo blanco fue siempre la excusa que tuvo Alicia para echar a correr. Y correr es siempre la excusa de algo mucho más importante. No tiene por qué ser algo malo. El automático ejercicio de huir, acompasando piernas y brazos a la vez es saludable.
Huya usted una o dos veces por semana, se lo aconsejarán, ya verá.

Pero el descenso... ¡ay, el descenso! Como el de Alicia mientras caía en el pozo. Será lento, casi eterno. Aunque después de todo, mientras caes, siempre podrás preguntarte qué pasará luego. Incluso antes del golpe se te concede la prórroga del conocimiento.



Sentimentiras.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Y ahora, tiembla.





(Foto vía: Stacey Horler)


Pudo haberse dado
como un frenópata
de pulso enloquecido y
haber causado catástrofes temporales.

Pero no lo hizo.

Tuvo la ocasión de poder girar y volar
como un diente de león deshilachado,
de rememorar lo desconocido del tic-tac del reloj,
de desnudar la imprudencia y
romper el decoro.

Pero no lo hizo.

Él prefirió la calma,
la lentitud de los días,
el entregarse despacio:

quiso amar como quien no guarda memoria.



Sentimentiras.

domingo, 28 de agosto de 2011

Y si no hay lenguaje ¿qué?


Se me han acabado las palabras.
Y los alfabetos y el vocabulario ya casi que no me alcanzan.
Supongo que ahora, tú y yo, sólo somos afasia.



Sentimentiras

jueves, 25 de agosto de 2011

miércoles, 24 de agosto de 2011

Eres todos los hombres.



ELECTRA: ¡Yo lo espero sin cesar, desventurada, no casada y sin hijos! Y ando siempre errante, anegada en lágrimas y sufriendo penas sin fin de mis males. Y él no se acuerda ni de mis beneficios ni de las cosas ciertas de las que le he advertido. ¿Qué mensajero me ha enviado, en efecto, que no me haya engañado? ¡Desea siempre volver, y deseándolo, no vuelve jamás!

Sófocles


Pintura: Frederic Leighton



Si me desnudaras ahora mismo el cuerpo, si te decidieras ahora y no en otro momento a rajarme la carne, a desvelar el misterio, a probarme. Ahora, digo, antes de que lo cubra todo el coma irreversible. Sólo ahora... No verías a otra mujer que a Electra.
Electra gritándose la sangre. Electra con las manos llenas, con la boca húmeda, con los ojos sucios, con el pecho enredado. Si me miraras ahora, Electra te preguntaría quién eres tú. Quién es tu padre. Qué escondes en ese corazón. Qué oráculo te salvará.
Si me miraras, sí. Si nos miraras así, tan herido. Te sangraríamos todo.


Sentimentiras.

domingo, 21 de agosto de 2011

Usemos el plan B.

Dijo Henry Miller que la mejor forma de olvidar a una mujer es convirtiéndola en literatura. ¿A cuántos poemas estaré yo de aniquilarte?


Sentimentiras.

sábado, 20 de agosto de 2011

Llevo toda la tarde
leyendo poemas de otros,
magníficos,
de esos que sabes que en tu puta vida
serás capaz de escribir
porque el talento no existe
o no es suficiente
o no alcanza para más.
Llevo toda la tarde,
decía,
pensando en ti y
leyendo los poemas de los demás
para llegar a la genial conclusión
de que has venido aquí a confirmar
lo mala poeta que soy
o lo mucho que te quiero,
eso ya como lo vayas viendo.



Sentimentiras.

viernes, 19 de agosto de 2011

Autumn leaves.

Cuando me siento triste escucho jazz. Es como ponerte a pelar cebollas y aprovechar para llorar a alguien sin que se note mucho. Es una excusa mala, lo sé, como lo son en realidad todas las excusas. Pero empieza a sonar Chet Baker y las lágrimas salen solas, fácilmente, como los sonidos de la trompeta. Y llega un momento en que ya no sé si son corcheas o fusas o silencios lo que lloro, o eres simplemente tú. Tú que me suenas a swing y a pentagrama.

Extrañar a alguien debería estar homologado como deporte de riesgo o de competición. Porque al final todo esto es así, mirar quién es el que echa más de menos. Saber quién va a salir perdiendo, el tiempo descompasado y la prórroga de la pérdida.

Y tener el jazz o las excusas suficientes para llorarte.
Como los saxofones, que también te lloran.



Sentimentiras.

miércoles, 17 de agosto de 2011

¿Te has dormido alguna vez en el filo de una espada?




Pero ya sabe usted que quien ama no recuerda largo tiempo el agravio.

Dostoievski



Fotografía: Laura Makabresku.


¿Has soñado alguna vez que no sentías nada? ¿Has tiritado alguna vez de madrugada? ¿Has llorado alguna vez de insomnio? ¿Has huido alguna vez de aquí? ¿Has girado alguna vez en el vacío?

No escucho el silencio. No recuerdo quién era Lolita. No recuerdo mi carne, ni el deseo, ni el amor. No recuerdo escribir. No conozco ningún libro. Qué son las páginas, qué son esas letras disparadas. Ni el reloj. Ni las horas. No recuerdo, no recuerdo. No recuerdo nada. Sólo espero la llegada del frío.



Sentimentiras.

lunes, 15 de agosto de 2011

Ahora que no estás.

Tengo un par de ojos verdes
una boca pequeña
unas manos también pequeñas
y un cuerpo frío
frío
frío
como de muerto.



Sentimentiras.

martes, 9 de agosto de 2011

Certidumbre.


Ahora que sé que aquel año fue mucho más que ab urbe condita
y un golpe de estado en Birmania,
ahora que se saben claros los ojos,
pequeña la boca y la herida,
pequeñas también las manos
que tocan y resbalan esta medida.

Ahora que huelo las calles sin reconocerlas
que pestañeo, silbo y canto
y parece no haber ni tiempo ni espacio.

Ahora que guardo el sabor de los aviones
y los trenes
y los billetes con fecha de ida y vuelta
en el dorso de mis manos.

Ahora que las monedas tienen más bordes que caras
o más caras que cruces
y la vida limpia de polvo los azulejos
y los bolsillos de los pantalones
se vacían llenos de pequeñas cosas tempranas.

Ahora que tengo sueño
de tantas vidas como no viví.
Ahora que no es ahora
y tengo tanto mundo que escribir.



Sentimentiras.

domingo, 7 de agosto de 2011

Tú.

He arrancado de la estela de tu vientre,
toda la vigilia dulce de la primavera.

He amado en tu sangre toda mi sangre,
he calcado tu piel toda en mi piel.

He amado toda la palpitación de tu vida
en mis manos, en mis sienes, en mi pecho.

He amado ahora y contigo,
toda esta soledad de las cosas sin nombre.



Sentimentiras.

viernes, 5 de agosto de 2011

I'm not a miracle.


La noche sufre de inocencia oculta.
Jorge Guillén


Las Lolitas de verdad son las que ya no comen piruletas por prescripción facultativa y tienen -todavía- las rodillas redondeadas. Leen libros de Milan Kundera a altas horas de la madrugada, piensan en los labios de Montgomery Clift al pronunciar no one ever lies about being lonely  y esperan el día, ese que les devuelva la inocencia perdida.


Sentimentiras.

jueves, 4 de agosto de 2011

Un poema es una ciudad.



Un poema es una ciudad llena de calles y cloacas,
llena de santos, héroes, pordioseros, locos,
llena de banalidad y embriaguez,
llena de lluvia y truenos y períodos
de ahogo, un poema es una ciudad en guerra,
un poema es una ciudad preguntando por qué a un reloj,
un poema es una ciudad ardiendo,
un poema es una ciudad bajo las armas
sus barberías llenas de borrachos cínicos,
un poema es una ciudad donde Dios cabalga desnudo
por las calles como Lady Godiva,
donde los perros ladran en la noche y persiguen
la bandera; un poema es una ciudad de poetas,
muchos de ellos muy similares
y envidiosos y amargados...

[...]


The Days Run Away Like Wild Horses Over The Hills, Charles Bukowski, 1969.



Y una ciudad es conjunto de pena orquestada. De asfalto sin alquitrán, ni mirada, ni labio ni murmullo callado. Una ciudad es un diccionario, la letra E en rúbricas doradas, 11º palabra, corondel ciego. E de engaño.


Sentimentiras

lunes, 1 de agosto de 2011

Hipotético-condicional.


(Ilustración: Johann Bayers)


y si se nos rompen las esferas,
y si los accidentes de tu cuerpo
y si el cielo, tus manos y los lápices
y si el camino, el trazado y las coordenadas
y si los ángeles caen y lloran y ríen
y si gritas mi nombre pero nadie te escucha
y si tú
          y si yo
                    y si dónde estamos.



Sentimentiras.

viernes, 29 de julio de 2011

Façons de vous aimer.

Ella tenía un alma sencilla llena de puntas de dedos
y en el blanco de los ojos llevaba un horizonte de tangos
de acordeón.
Ella estaba enamorada.

Álvaro Cunqueiro

 


                        (Fotograma: Une Femme Mariée, Jean Luc Godard, 1964)



¿Qué sabés vos del amor? ¿Acaso sentís el alma palpitándote en la yema de los dedos? ¿Acaso te bombeá el corazón en los párpados? Vos notás una revolución en tu cuerpo y creés que es el amor. Creés todas esas boludeces que te contán tus escritores. El amor es más que eso, che. El cuerpo se convierte en la última terminación nerviosa de esa especie de calambre. Pero empieza antes, ¿sabés? mucho antes que en el cuerpo, el amor se notá dentro. Pero sobre todo se notá fuera, desengañate, tu cuerpo es lo de menos. Lo sentís fuera. Acá, en las calles, en el mercado, en la cocina, en el parque a la mañana. Cuando él se marcha, y vos sentís que morís... ese vacío en que te quedás y que te impregna entera. Eso es el amor, pequeña: el hueco que te atormentá y las ganas que tenés de llenarlo.



Sentimentiras.

miércoles, 27 de julio de 2011

Va-t'en mais reste.

todo está bien en mi vida excepto tú. que no estás y claro, eso siempre marca la diferencia. creo que podría medir mi vida por las veces que estás y por las veces que decido estar sola. como en esos trucos de magia en que el mago de turno mete un conejito blanco en la chistera y ¡voilà! desaparece y el mago de repente está solo en el escenario.
pero es curiosa esta sensación de sentir que desapareces cuando el ovillo sigue en mi mano. cuando el hilo aún no se ha ni desenredado. cuando todavía (nadie) nos ha inventado.



Sentimentiras.

martes, 26 de julio de 2011

Son las 2:54 y esta ciudad terminará por devorarme.

No sé escribirte. Y no sé llegar hasta ti.
El hilo de Ariadna no funciona.
Se quiebra.
Como tus palabras.



Sentimentiras.

sábado, 23 de julio de 2011

Desencuentros.

Tu edad siempre pendió como una espada de Damocles,
un castigo divino por nuestro atrevimiento.

Cuando cayó,
Lolita ya era una historia de muertos.



Sentimentiras.

jueves, 21 de julio de 2011

thenearestdream.

(Egon Schiele)


Soy sólo yo cuando te amo,
soy sólo una entre el trigo,
con las manos llenas de guijarros blancos,
revolcándome,
feliz de ser de barro,
costilla y carne
de la tierra.


Sentimentiras.

miércoles, 20 de julio de 2011

París 18 Buttes-Montmartre, Francia.

 
 
De todos modos para vos no es novedad
que el mundo y yo te querermos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

Mario Benedetti



Les temps sont durs pour les rêveurs, te gusta pronunciar en francés aunque no sepas decir mucho más. Dar consejos a pequeñas Amélie que como tú sueñan con un gran amor. Crear universos infinitos con la yema de tus dedos largos y delgados. Generar órbitas de electricidad en un campo magnético pintado en tonos pastel y terminar comiéndotelos.
Dedicarte por completo a tus pequeños placeres; éstos pueden abarcar desde un abrazo de aeropuerto hasta fastidiar a las hermanas mayores, pasando cómo no, por los poemas que abrazan el alma. Un me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma  a tiempo te haría sonrojar. Quizá un plan de escapismo también.
Aunque si hay algo que de verdad te gusta, algo con lo que realmente eres irreductible (como Oliverio) es con los sueños: no puedes dejar de soñar. Que como tú dices: pueden pensar que soy una ilusa, pero prefiero morirme de sueños que de asco.

Así que ya lo sabes, señorita Amélie Poulain, moriremos de sueños y espero que los dedos de tus pies sigan haciéndome cosquillas entonces.


Pd. Y recuerda que si las cosas no te gustan siempre puedes inventar algo mejor. O avisarme a mí, ya sabes, yo lo escribiré para ti.


Atentamente,

La persona que más te quiere en este universo.


Sentimentiras.

domingo, 17 de julio de 2011

Son las 3:21, hora peninsular, y tú no existes.

sé que soy el objeto directo de tu escritura.
de igual modo que tú sabes que eres el sujeto omitido de mi vida.

jueves, 14 de julio de 2011

Segunda persona del singular.

Esta mezcla de piel
demostrativa,
estas manos,
este tacto,
este sin yo
este pronombre tan desordenado.

martes, 12 de julio de 2011

No intentemos el amor nunca.



Era en la alegre mocedad de nuestras bocas,
en los días de gracia perenne en la memoria.
Recuerdo aquellas tardes, el parque solitario,
cómo sobre la prohibida hierba anochecida
jugaron al coger tus labios y los míos.

Antonio Rivero Taravillo


(Fotografía: Laura Makabresku) 



Aquella noche el mar no tuvo sueño.
Cansado de contar, siempre contar a tantas olas,
quiso vivir hacia lo lejos,
donde supiera alguien de su color amargo.

Con una voz insomne decía cosas vagas,
barcos entrelazados dulcemente
en un fondo de noche,
o cuerpos siempre pálidos, con su traje de olvido
viajando hacia nada.

Cantaba tempestades, estruendos desbocados
bajo cielos con sombra,
como la sombra misma,
como la sombra siempre
rencorosa de pájaros estrellas.

Su voz atravesando luces, lluvia, frío,
alcanzaba ciudades elevadas a nubes,
cielo Sereno, Colorado, Glaciar del infierno,
todas puras de nieve o de astros caídos
en sus manos de tierra.
Mas el mar se cansaba de esperar las ciudades.
Allí su amor tan sólo era un pretexto vago
con sonrisa de antaño,
ignorado de todos.

Y con sueño de nuevo se volvió lentamente
adonde nadie
sabe de nadie.
Adonde acaba el mundo.

(Cernuda)



No intentemos el amor nunca nos recitaba el poeta vestido con un traje de lino mientras tu mano se pierde bajo mi blusa recién planchada y yo intento sofocar el ardoroso calor de Coyoacán. No intentemos el amor nunca parece repetir de nuevo su eco; nunca es en ninguna ocasión más según un diccionario tradicional (negando así el retorno del tiempo),  nunca es morderme la piel cuando nadie nos mira según nuestra semántica no aprendida.
Nunca intentar el amor e intentarlo infructuosamente todas las veces y en todos los cuerpos.

Una tarde de verano de 1953, Coyoacán, un par de poetas, mi blusa, tus manos:

sí, el amor fue sólo un pretexto.


Sentimentiras.

sábado, 9 de julio de 2011

Seguramente tus ojos sean tristes... o quizá lo sea la comisura de tus labios.
Quizá hagas un ruido demasiado molesto al comer o tengas un tic nervioso en el ojo izquierdo cada vez que te pongas nervioso. Odiarás a Godard tanto como yo lo quiero y no te gustarán las canciones en inglés. Andarás demasiado deprisa, agarrarás de la mano demasiado despacio. Te gustarán los jerseys con coderas, la playa en verano y el ruido del claxon. Posiblemente sonrías poco y mal. Y tu nombre... tu nombre no será el nombre precioso que yo imagino para gritar mientras hacemos el amor.

miércoles, 6 de julio de 2011

Tiene la tristeza un ruido de hojas secas.



Cum subit illius tristissima noctis imago, qua mihi supremum tempus in urbe fuit, cum repeto noctem, qua tot mihi cara reliqui, labitur ex oculis nunc quoque gutta meis.

Ovidio, Tristia I, 3




Tiene la tristeza
una paciencia de tejedora,
de ciudad vieja con luces amarillentas
que deforman las caras de sus habitantes.

Algo parecido a una rutina pegajosa
que te empuja a la calle todos los días a la misma hora
para mostrarte la realidad de la vida
que no es otra que estar ahí,
a solas y contigo.

Como pisadas hondas en la nieve,
como la fatalidad edípica de un héroe griego,
como el destino inexorable de las gotas de lluvia,
tiene la tristeza
la trayectoria silente de un cadáver ahogado:

terminar por aparecer flotando,
boca arriba,
una mañana cualquiera
ennegreciéndote el agua.



Sentimentiras.

lunes, 4 de julio de 2011

Medianoche en París.




Yo también quisiera viajar en el tiempo al llegar la medianoche y encontrarme de repente en los años 20. Conocer al bueno de Fitzgerald en una de esas fiestas tan sonadas o escuchar a Dalí hablar sobre rinocerontes.
Escribir, soñar y que la lluvia nos encuentre bajo París.

Tenía razón la persona que ayer me decía que Gil (Owen Wilson) se parecía a mí; yo tampoco sé vivir el presente.


Sentimentiras.

sábado, 2 de julio de 2011

Los cuervos de Kurosawa.


Tengo una terrible necesidad...
 ¿diré la palabra? de religión.
Entonces salgo por la noche
y pinto las estrellas.

Vincent Van Gogh





"Cuervos" se encuentra dentro de Sueños, un conjunto de ocho historias independientes del director Akira Kurosawa.

jueves, 30 de junio de 2011

En una estación de metro.

Pienso que rezarte a ti
tal vez me salvará el alma.

Julio Cortázar

(Fotografía vía Tokyoform)




Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro
y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos
y la perdieron para siempre entre la multitud.
Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones
y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles.
Y quizás el amor no es más que eso:
una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro
y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre.

Óscar Hahn



Todos los días le pido un poco al destino que te bajes en la misma parada que yo. O que se averíe el tren y vengas a pedirme chicles. O que yo me atreva a decirte: llevo imaginando este vagón de metro toda la vida, contigo y conmigo dentro. Y que se apaguen las luces, y que se nos encienda la vida.


Sentimentiras.

domingo, 26 de junio de 2011

Flores raras.


Me gustaría hacer un holograma de Gala, romperlo en mil pedazos y comérmelo para sentirme lleno de ella, como en la comunión.

Salvador Dalí



Quizá podamos ser alguna vez como Dalí y Gala, tú con un geranio rojo en la cabeza como dicen que se puso el pintor para llamar la atención de ella; y yo desnuda como un lienzo, dispuesta a recibir tus bocetos en mi piel. Lo he pensado mucho y quiero que nuestra historia de amor sea así. Creo que es lo que más deseo: no ser nosotros mismos, fingir que hay algo de extraordinario en entregarse, algo de artista, algo de excéntrico y perturbador en esto de enamorarse.


Sentimentiras.

viernes, 24 de junio de 2011

Eso era amor.


 .


.


Le comenté:


—Me entusiasman tus ojos.

Y ella dijo:

—¿Te gustan solos o con rimel?

—Grandes,respondí sin dudar.

Y también sin dudar me los dejó en un plato

y se fue a tientas.



Ángel González.



lunes, 20 de junio de 2011

Ni tú eres Calisto, ni yo Melibea.


Es un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno, una dulce amargura, una deleitable dolencia, un alegre tormento, una dulce y fiera herida, una blanda muerte.

La Celestina, Fernando de Rojas.




Cuando sales con tus amigos de fiesta
y lleváis el alma al descubierto,
cuando haces honor al vocablo "embriaguez"
y pierdes la noción del espacio-tiempo,
cuando no adviertes mis desvelos
ni las llamadas perdidas,
recuérdalo,
amor,
ni tú eres Calisto ni yo Melibea.

Cuando le vomito a Lucrecia
mis desdichas de tus noches,
mis ojeras de tus días,
mis conjuros de tu vida.

Cuando me empujas al pecado
y más tarde me abandonas
in hac lacrimarum valle,
en este valle de lágrimas
que es estar sin tu cuerpo,
en este jardín sin flores y
sin Celestina que nos aguarde.

No lo olvides,
muñeco,
que yo no soy Melibea:

ni loco amor,
ni torre,
ni sangre.



Sentimentiras.

domingo, 19 de junio de 2011

Un domingo de niñez.





Las pompas de jabón que este chiquillo
se entretiene en soltar por la pajita
son, traslúcidamente, toda una filosofía.

Claras, inútiles y pasajeras como la Naturaleza,
amigas de los ojos como las cosas,
son lo que son
con una precisión redondita y aérea,
y nadie, ni aun el niño que las suelta,
pretende que sean más que lo que parecen ser.

Algunas apenas se ven en el aire lúcido.
Son como la brisa, que apenas roza las flores al pasar
y de la que tan sólo sabemos que pasa
porque algo se aligera en nosotros
y todo lo acepta más nítidamente.


Fernando Pessoa.

jueves, 16 de junio de 2011

Cartas desde París.


Querido Abel,

Ayer llegué a París, la ciudad que prometimos no pisar jamás. París la bella, la amorosa, la ardiente ciudad del amor. Ayer aterricé en el punto equidistante entre la locura y el temor.

Caminé largo rato hasta que di con la pensión. Aquí es todo como dicen, ¿sabes? Es todo como imaginábamos, como nos contaron, como leíamos. Aquí es todo exactamente como decíamos odiar.

París suena a canciones de Edith Piaf y de Jacques Prévert. Sous le ciel de Paris las estrellan brillan más que allí, Abel. Hay constelaciones especiales para este cielo, aunque para alumbrar toda la ciudad sólo hacen falta mil escritores.
Deberías verlos, Abel, escriben en los cafés y tienen los dedos y la pernera del pantalón manchados de tinta. Y suelen tener pocas monedas en los bolsillos.

El pelo me huele un poco a croissant recién hecho y esta tarde me acordé de ti al oír el vals de un acordeón.


Te escribiré pronto,


Amelia.

martes, 14 de junio de 2011

Cuéntame sentimentiras (I)

Todo lo que te ves por dentro lo has ido poniendo tú, las personas no son de ninguna manera por naturaleza. Eso es un error demasiado extendido: ampararse en una forma de ser biológica. Tú naces vacío y tus circunstancias personales y tu modo de afrontarlas son las que rellenan tu interior.

Si has ido eligiendo quejarte de las cosas y no afrontarlas, si has decidido que era mejor llorar y lamentarse en vez de plantarle cara al dolor y atajarlo... habrás llenado tu interior de miedos e inseguridades.

Las personas, ya lo sabes, somos artífices de nosotras mismas. Estamos en continua construcción y deconstrucción. Haciéndonos y deshaciéndonos. Que no importa cómo nazcas, porque lo haces vacío y desnudo.

Lo realmente importante es cómo de lleno decidas morirte.

lunes, 13 de junio de 2011

La mitad de lo que somos.






How do I distinguish between the reality and the desire I have for it?

(Une femme mariée, Jean-Luc Godard, 1964)



La realidad, sí, la realidad,
ese relámpago de lo invisible
que revela en nosotros la soledad de Dios.

[...]

La realidad, sí, la realidad:
un sello de clausura sobre todas las puertas del deseo.

(Olga Orozco)

domingo, 12 de junio de 2011

Ni yo soy tan pequeña ni las lágrimas tan saladas.

Me prometí no escribirte más, porque a los muertos no se les escribe cartas, se les recuerda o se les olvida y ya. Pero ahora entiendo por qué llevo todos estos días tan nostálgica. Eras tú.

Nunca fui capaz de recordar este día. Siempre me acordaba un poco antes o un poco después, pero jamás fui capaz de regalarte un momento el mismo día en que te fuiste. Quizá sea un mecanismo de mi memoria para protegerme de amenazas tristes. Y hoy, por una pequeña alegría, te he recordado. Por primera vez en estos 9 años soy capaz de pensar en ti en presente, como si fuera ese mismo día. Porque para ti no existe más tiempo que aquel.

Los muertos son atemporales, anclados en el aire del día en que murieron. Haciendo ese mismo recorrido una y otra vez, volviendo del trabajo continuamente, conduciendo sin parar, haciendo esperar a sus seres queridos eternamente.

Sin retorno, atrapados en un enjambre de minutero roto, quedan cristalizados ya para siempre.



Sentimentiras.

viernes, 10 de junio de 2011

Las mil grullas de Sadako.


La primera vez que oí hablar sobre la tradición de las mil grullas de Japón fue hace algunos años; calculo que tendría unos 8 o 9. En mi libro de lectura venía un fragmento de un cuento, Sadako y las mil grullas de papel. Por lo general las lecturas del libro eran bastante "tontas" y anodinas para mi gusto, pero aquel fragmento me gustó mucho y aún hoy recuerdo perfectamente lo que decía e incluso la ilustración que lo acompañaba.

Dice la leyenda que si haces mil grullas de papel y las atas con unas cuerdecitas, se te concede un deseo, por lo general, te cura cuando estás enfermo. En mi libro se contaba la historia de Sadako, enferma de cáncer a raíz de la explosión de Hiroshima.
Su amiga Chizuko va a visitarla al hospital y le cuenta la historia de las mil grullas. Deciden por eso hacerlas, pero Sadako muere antes de poder completar las 1.000, cuando aún sólo tenía 644.

Recuerdo haber llorado leyendo este cuento. Era pequeña y me daba mucha pena que la niña se muriera, que no le hubiera dado tiempo a hacer las 1.000 grullas, convencida como estaba yo por aquel entonces, que los mil pajaritos de papel habrían curado a Sadako.
Después de leer la historia le pedí a mi abuelo que me enseñara a hacer grullas, pero me pareció complicadísimo y no conseguía hacer ni una bien, así que opté por suplicarle que si algún día yo enfermaba hiciera él las mil grullas por mí.

Llevo unos días muy nostálgica, quizá por eso me acordé de esta historia o quizá sea porque creo que la buena suerte ha vuelto. Porque creo que existe la felicidad concentrada y los recuerdos suaves que no alteran. O acaso sea porque aún no sé hacer grullas de papel.



Sentimentiras.

miércoles, 8 de junio de 2011

Como los reptiles.

La memoria es un músico que toca de oídas.
Ray Loriga




Algunos animales mudan la piel. Cuando los reptiles la tienen ya muy gastada por el paso del tiempo o por los factores climatológicos, la cambian.

Siempre me pareció una práctica apasionante, si me permiten decirlo; y era lo único que llamaba mi atención en las clases de Biología. Ver cómo las serpientes se iban deshaciendo de esa especie de piel transparente desde la cabeza hasta la cola. Lentamente, no había prisa por desprenderse de aquello que te ha protegido durante tanto tiempo.
Se convierte este proceso en todo un ritual. Para al final ver aparecer una piel limpia, a estrenar, resplandeciente, brillante. Una nueva piel sin arañazos, sin marcas, sin la huella del tiempo. Como volver a nacer, como si la naturaleza te diera una segunda oportunidad de estrenar la vida.
 
Siempre me pregunté si la memoria caería junto a esa piel o era algo que no se podía eliminar. Siempre quise mudar la piel como las serpientes y reaprender mi cuerpo cada cierto tiempo. O quizá lo que siempre quise secretamente fue perder la memoria...borrarlo todo, desprenderme de los recuerdos además de la epidermis.
 
Creo que los reptiles se parecen un poco al protagonista de la película Erasehead. Que se desprendía de lo que ya no aguantaba, de la grotesca criatura. Que hay que romper el cordón umbilical. Borrar todo de la cabeza, eliminar la memoria. Ser libre. Mudar la piel.
 
 
Sentimentiras.

lunes, 6 de junio de 2011

Por qué, amor o llorar.


El amor, la caricia, el silencio. No saber, dudar, escribir y emborronar.
El amor no puede ser otra cosa.


(Alphaville, Jean-Luc Godard, 1965)

viernes, 3 de junio de 2011

Definirte.

El nombre conseguido de los nombres.

Juan Ramón Jiménez


(Fotograma de la película Pierrot le fou, Godard, 1965)




Hace tiempo que busco un nombre
para darte, amor mío:

el rastro de los animales al morir,
la luz de un candil que se apaga,
la última sílaba de una última palabra.

Pero los alfabetos quizá son algo que no te alcancen
porque no hay una realidad que te avale,
porque no hay un referente donde imaginarte.

Cuando levantas el vuelo y no sé cómo llamarte,
cómo atraerte sin reclamo,
cómo decir quién, aquí, allí, contigo.

Ojos entornados en los que ahogarse,
áspera piel de hojarasca,
extraña porción de tierra no sembrada.

Hacía tanto tiempo que buscaba un nombre
que darte,
intersticio mío,
pequeña herida mía...

lenguaje roto.



Sentimentiras.

miércoles, 1 de junio de 2011

¿Encontraría a la Maga?

Para Lucía.


Se lleva preguntando desde hace muchos años
-quizá desde el principio de su vida-
qué es exactamente lo que anda buscando.

Con las manos metidas en los bolsillos,
los bolsillos llenos de cosas pequeñas:

un reloj de mano,
un lápiz,
papel rayado,
una bolsita de té,
su antiguo amor por ella.

Quizá lo casual dejó de acercarlas en algún
momento inexacto de sus vidas,
quizá ya no podría encontrarla más
tocando el violín en Marais
o acariciando algún gato perdido.

Quizá la suya,
esa historia de desencuentros,
no fue vivida jamás
y lo único que abrazaba por las noches
fueron las ganas de lo casual,
la imaginación
o el vacío.

Quizá la Maga nunca existió,
quizá vos la inventaste para mí,
es por eso que seguro que entendés
cuando te digo
que la Maga no sos tú
sino yo.



Sentimentiras.

lunes, 30 de mayo de 2011

Vous ne rêvez pas.



No era un sueño porque podía tocar las cosas: los libros, las fotos, las migas de pan en la mesa... Todo, todo estaba allí y todo era sensible a su tacto. Pensó que pudiera ser una trampa. Su trampa. Porque caía en ella demasiadas veces: las rejas le parecían bonitas. Luego se inclinó por la opción de que aquello fuera una amalgama entre sueño y realidad. Una dualidad digna de Descartes. Pero al llegar la mañana, los rayos de sol a través de las persianas le daban la seguridad necesaria para saber que estaba despierta. No había vigilia. Trató entonces de averiguar que era aquel rumor, aquel zumbido ensordecedor que escuchaba a todas horas. De repente, sentada frente al espejo, peinándose, lo supo. Aquel ruido que oía, aquel rostro que le devolvía la mirada desde el otro lado, aquello que la perseguía a cada instante... Eso. Eso era la vida. Nunca lo vio tan claro, nunca le pareció tan hermosa.