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miércoles, 22 de octubre de 2014

Hablar de ti es empezar la lluvia




Y por eso tienes razón al decir que ya una vez fuimos uno.

Kafka







Hablar de ti es empezar la lluvia, 
esa que estaba ahí desde el principio, 
la misma que sonaba de fondo 
cuando las letras viajaban
un tiempo antes que nosotros,
cuando
las manos aún eran vírgenes 
de no habernos tocado todavía. 

El agua cae y todo es un constante deslizarse
un presuponer pulmones
y pecho y labios y humedad
y una casa pequeña donde guarecerse,
donde llegar mojados 
y vencidos
y entonces besarse.


Si llover es hablar de ti, 
entonces el amor es empaparse los ojos.



Rocío.



miércoles, 19 de marzo de 2014

De rerum natura.

             

               ¿Por qué eres tan breve?

                                          Hölderlin


Quiero el silencio de después
y todas esas pequeñas palabras
que tras mucho pensarlas
terminan sin ser arrojadas.

Quiero tus sílabas y
tu labio magullando vocales
y quiero la hierba
si decimos hierba
y quiero el cielo
si decimos azul.

Quiero que hagamos un pacto
con la naturaleza de las cosas
-como Lucrecio-
y que seamos átomos
letras
y números
que no nacieron de una explosión
sino de algo más,
de un amor,
quizá,
que un día fue
materia para el viento.


Rocío.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Nos tiemblan demasiado las manos.



La gente tiene cuchillos en las manos,
habitaciones a oscuras,
sangre en las paredes,
jóvenes amantes,
asesinos familiares.
La gente tiene cuchillos en las manos
y juega a acariciarse.

David Eloy Rodríguez


Película Las vírgenes suicidas, Sofía Coppola, 1999.


La gente también,
a veces,
tiene hambre
y devora a sus hijos.

La gente también,
 a veces,
sólo a veces,
tiene amor
y muere.

Rocío

lunes, 28 de noviembre de 2011

Rara avis.



A Rocío, sin jaulas.


Se desnudó.
Dejó atrás sus vestiduras
de presidio y voló
más allá de su propia sombra.
Trepó desde el silencio
hasta el alféizar de mi noche.
Y allí se posó: cantando
palabras repletas de avidez
y juventud, impúdicos
vocablos embriagados
por el néctar de mil y una
locuras; herejías provenientes
de quién sabe qué cielo.
Fue así como llegó
hasta mí el trino de sus alas,
el verde batir de sus ojos,
sus plumas engastadas
en la piel de una sonrisa.
Incasable, se derrama
sobre las palmas abiertas
de las hojas, con la voracidad
del llanto
de un delirio recién nacido.
Se entretiene jugando
a contar cada pliegue de las olas
y se empeña en traducir esas
conversaciones que en secreto
mantiene el viento con los recodos
más remotos de la tarde.
Anidaste en la rama de mis horas.
Picoteas la ternura
como quien comete un crimen
atroz y pasional. Y aunque
tu canto se escriba desolador
como los páramos de Comala,
de la tierra en la que siembras
universos,
cicatrices
y demás criaturas,
brota el árbol de las frutas
más deliciosamente prohibidas.
Vuela, ave libre...
Sé que no hay jaula
en la que quepan tus sueños.
No olvides que un día
anidaste en la rama de mis horas.
No dudes de que, entre
la fronda de mis incertidumbres,
hallarán siempre cobijo tus palabras
y tus silencios.


Héctor Vargas Ruiz.




Esto es lo que ocurre si es tu cumpleaños y tienes un amigo que escribe así de bonito y es detallista.

viernes, 24 de junio de 2011

Eso era amor.


 .


.


Le comenté:


—Me entusiasman tus ojos.

Y ella dijo:

—¿Te gustan solos o con rimel?

—Grandes,respondí sin dudar.

Y también sin dudar me los dejó en un plato

y se fue a tientas.



Ángel González.



viernes, 3 de junio de 2011

Definirte.

El nombre conseguido de los nombres.

Juan Ramón Jiménez


(Fotograma de la película Pierrot le fou, Godard, 1965)




Hace tiempo que busco un nombre
para darte, amor mío:

el rastro de los animales al morir,
la luz de un candil que se apaga,
la última sílaba de una última palabra.

Pero los alfabetos quizá son algo que no te alcancen
porque no hay una realidad que te avale,
porque no hay un referente donde imaginarte.

Cuando levantas el vuelo y no sé cómo llamarte,
cómo atraerte sin reclamo,
cómo decir quién, aquí, allí, contigo.

Ojos entornados en los que ahogarse,
áspera piel de hojarasca,
extraña porción de tierra no sembrada.

Hacía tanto tiempo que buscaba un nombre
que darte,
intersticio mío,
pequeña herida mía...

lenguaje roto.



Rocío

miércoles, 1 de junio de 2011

¿Encontraría a la Maga?

Para Lucía.


Se lleva preguntando desde hace muchos años
-quizá desde el principio de su vida-
qué es exactamente lo que anda buscando.

Con las manos metidas en los bolsillos,
los bolsillos llenos de cosas pequeñas:

un reloj de mano,
un lápiz,
papel rayado,
una bolsita de té,
su antiguo amor por ella.

Quizá lo casual dejó de acercarlas en algún
momento inexacto de sus vidas,
quizá ya no podría encontrarla más
tocando el violín en Marais
o acariciando algún gato perdido.

Quizá la suya,
esa historia de desencuentros,
no fue vivida jamás
y lo único que abrazaba por las noches
fueron las ganas de lo casual,
la imaginación
o el vacío.

Quizá la Maga nunca existió,
quizá vos la inventaste para mí,
es por eso que seguro que entendés
cuando te digo
que la Maga no sos tú
sino yo.



Rocío