miércoles, 28 de marzo de 2012

Óculo.


Labitur ex oculis nunc quoque gutta meis.

Ovidio, Tristia: I, 3

 

En el fondo los ojos sí que importan
si llegan anunciando catástrofe.
***
Entre la pupila y la retina
hay algo que no se ve
y que ya nos está destruyendo.
**
Lo que está detrás aun
nos queda demasiado lejos.
*


Rocío

lunes, 26 de marzo de 2012

(Bis)


Porque las huellas borran las huellas
y aun así seguimos empeñados.




Porque el hombre,
dicen,
es el único animal
que tropieza dos veces
en la misma piedra.

Porque somos animales
y tu piel es la misma jodida piedra
donde tropezar,
una y otra vez
                         una y otra vez
in-ter-mi-ten-te-men-te
de amor.


Rocío.

domingo, 18 de marzo de 2012

Ab urbe condita.

 

Hay mundos que cuelgan de los árboles. 

Dylan Thomas




 
París-Texas, Wim Wenders, 1984.


Nos quejamos a veces
de lo lejos que estamos los unos de los otros.
De lo apartados que parecen
los cuerpos,
el aliento,
esa bufanda de ese cuello,
estas manos del suelo.

Nos quejamos
de lo rápido que camina aquel hombre
porque cruza la avenida sin mirar
y sus piernas parecen una legión
de soldados veloces.
De lo despacito
que va la señora de azul
porque camina mirando las baldosas,
cuidando de no pisar ninguna fisura del suelo.

Nos quejamos.

Del precio de las naranjas,
de los horarios de los autobuses,
de las líneas de metro,
de la radio de la vecina,
de los perros,
de las putas,
de las esquinas llenas de perros y putas, 
del carmín en una camisa,
del ruido del frigorífico,
de, noche tras noche,
no poder dormir.


Pero nadie repara en ellas,
en esas masas de hormigón,
tierra y pluma.
Nadie advierte su angustia,
su soledad:

nadie habla del cansancio de las ciudades.



Rocío.

viernes, 16 de marzo de 2012

Prelavados.

 ¿Quieres mirar la lavadora conmigo?
Tu vida en 65 minutos
 
 
En la película Tu vida en 65 minutos, al protagonista le gustaba mirar la lavadora y era este un momento especial que compartir con alguien a quien se quiere. En la película Mi vida sin mí, Don, mira cómo duerme Ann dentro de una lavandería.

El amor es mirar mientras se lavan las cosas del mundo.

Rocío.

domingo, 11 de marzo de 2012

El punto de articulación.



"Amanece pronto", donde los dos lexemas constituyen un mensaje común y corriente, y los trece fonemas, alineados en ese orden, y solo en ese, constituyen el fundamento de la cadena fónica significativa.

Álvaro Calderón Rivera


Fotografía: Eddie Kiliqowski


Mi nombre empieza por vibrante múltiple.
Hace mucho frío aquí dentro, 
las letras silabean de miedo.
Los días de la semana son dragones azules
con fauces pequeñas. Tus ojos no me miran.
Los caballos están sucios y secos.
La piel es un tubérculo o un tratado de fonética.
Amanece pronto:
y yo sigo sin saber decir adiós.


Rocío.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Pares mínimos.

He olvidado el poema que te escribí
esta tarde cuando me aburría en clase,
un poema que hablaba de nosotros
y de las primeras personas del plural,
esas que son siempre las más castigadas.

He olvidado también que el poema
hablaba de no definirnos,
de no pronunciar,
de no saber quiénes éramos.

Qué tontería,
pienso ahora,
que sé que no eres nada
y que al final va a ser cierto
y definirse es una forma de ser,
de sujetar a alguien
para que no caiga
o para que no se vaya.


Rocío.

sábado, 25 de febrero de 2012

(des)habituarse.


Los tálamos, con la añoranza de los hombres, se llenan de lágrimas.

"Los persas", Esquilo.


Película París, Texas de Win Wenders, 1984.

Llorar a veces es tan absurdo... tan grave, tan húmedo. No quieres hacerlo pero de repente ya lo estás haciendo y no puedes parar y los ojos y sus cuencas y oh por dios, la deshidratación. No no no ¿quién quiere derramarse por las pupilas? ¿quién quiere qué? si no hay motivos para hacerse agua todavía. Si todavía no te han herido y tú ya esperas la cicatriz, el golpe que te haga perder el conocimiento.

Llorar a veces es tener una premonición: la del cataclismo.
Como escribir, pero sin mojar nada.


Rocío.

jueves, 23 de febrero de 2012

Y qué más dará todo lo demás.

Hacía tanto tiempo que no me emocionaba tanto... creo que nada me hacía llorar así, de esta manera, desde hace 1 semana, la primera vez que me cogiste de la mano. Así que, en cierto modo, esto eres tú y yo. Y por supuesto, también vosotros.

 

Lo que la piel no dice



No está escrito en ningún sitio que la piel quiera ser envenenada, ni que prefiera la tinta, a la limpieza original. No está escrito que la voluntad tenga derecho a imponerse sobre la naturaleza. Ni que las mujeres quieran vivir grabadas en los brazos de unos hombres, que tal vez, algún día, no serán suyos. Nadie sabe si es del todo lícito imponerse una condena, una marca, un estigma. No está escrito que sea justo que el dolor se premie, ni que la moda o el adorno o el capricho tengan por qué mezclarse con el alma. No hay razón para atarse a un símbolo cuya trascendencia puede ser transitoria y su presencia permanente. Nadie nos obliga, ni puede obligarnos, a decir para siempre. 

Y sin embargo más de una vez lo decimos. Y más de una vez nos manchamos la piel, con la tinta de una idea, de un presagio, de una certeza, que después se olvida, de un amor que después se pierde, o se arruina, de una emoción que creímos duradera, pero que al final, por más que nos neguemos a verlo, estaba de paso. Se van quedando los días, que ya fueron, en la piel, y al mirar atrás, son las marcas las que nos recuerdan aquello que fuimos. 

Tal vez en algún momento soñemos con escapar de esta condena, porque al querer ser otros, nos condenamos irremediablemente a ser lo que ahora somos. Y pesa. ¿Pero acaso no pesan también los besos, las palabras que dijimos, el daño que hicimos y el que nos hicieron, acaso no pesa también la historia invisible que arrastramos? 

No sólo existe lo que puede verse, existe también lo que se intuye, lo que se promete, lo que se da, existe lo robado y lo que no conseguimos robar. 

La vida se amontona en los márgenes de la piel señalada y la piel señalada, se va convirtiendo en una nota al pie de la página de nuestra historia. 

¿Qué dicen los versos de amor cuando el amor se ha ido, a quién le hablan, qué explican exactamente? ¿De qué o de quién hablan las canciones del pasado? ¿Qué fue de la furia, del rencor, del entusiasmo, del champán y su resaca? ¿En qué momento nos dimos cuenta, de que nada de lo nuestro, era nuestro para siempre? 

La piel recuerda. Y en la temporada de las lluvias, no se borran nunca todos los caminos de vuelta a casa. La piel recuerda un tiempo anterior a la tinta, antes de ser señalada, y recuerda, un tiempo de soledad, antes de ser amada, aunque a menudo no recuerde con precisión el motivo de todo lo sucedido. 

Las señales que dejamos nos permiten reconstruir las cosas que rompimos. Se avanza a tientas por el pasado, y aunque no todas las piezas encajan, y algunas ni aparecen, poco a poco, se reconoce un olor, un momento, una noche, o el color de sus ojos. Las señales que dejamos en la piel, nos traen algunas de las cosas que tuvimos, que fueron nuestras, cuando el tiempo no existía, y la memoria no era necesaria. 

Porque puede ser que nada se recuerde, pero también puede ser que el amor se empeñe en pelear contra el olvido, como un boxeador sonado y persistente. Puede ser que los días se sobrepongan al rigor de los días, que todo se sume y se amontone, que nada se pierda del todo. Y puede ser que la piel quiera recordar después de todo, los nombres de las mujeres amadas, y las causas de todas las batallas, ganadas, o perdidas, y que los pasos en la nieve no se vayan con la nive. No es imposible, que lo que pareció arrogancia o locura termine por dar fé de lo que fuimos, y que nuestras manos se llenen, cuando ya no esperemos nada, de nuestros pasados y, tal vez, de otros futuros. 

No puede descartarse que en algún momento, recuperemos el orgullo y el sabor de lo vivido. No puede descartarse que volvamos sobre nuestros pasos, que reencontremos el sentido a lo perdido, ni debería ser imposible, y seguramente lo sea, que llegado el día, volvamos a entender el código cifrado de nuestra piel, el mensaje en la botella que lanzamos hace mucho, mucho años. 

Puede ser, incluso, que al final del camino, volvamos a hacer las paces con el tiempo y empecemos a entender, de nuevo, como niños que recuerdan donde escondieron sus tesoros, nuestros propios tatuajes.






Ray Loriga

domingo, 19 de febrero de 2012

Tú, que eres febrero.


A mi madre, en su cumpleaños.




Recordar lo enorme
del milagro de la vida
y su multiplicación de las entrañas.
Recordar tu juventud,
lo diáfano,
lo pequeño:
el mundo es un dialecto.

Y ver cómo el tiempo pasa,
cómo el tiempo te abraza y te mece
y te quedas dormida,
minúscula,
en tu sueño.

Y ver cómo despiertas
cada mañana,
cómo naces
cada mañana,
cómo me pares
in-can-sa-ble-men-te
cada mañana.

Y escribir este poema para ti,
solo para ti,
que tienes el corazón pálido
como decía Eluard,
de tanto esfuerzo
y tanto amor.


Rocío.

domingo, 12 de febrero de 2012

Hija de Pléyone.

 Ve y derrama en su pecho un poco de néctar y ambrosía para que el hambre no le atormente.

La Ilíada, Canto 19, Homero.


 
Fotograma de La mirada de Ulises, Theo Angelopoulos, 1995.



Yo debí haber nacido en un pueblo griego
de hace 2000 puntos suspensivos.
Quizá ciertos rasgos me acompañan,
pero no los suficientes para haber visto
el sol dorando mitos y cítaras.
Yo, que debí haber sido griega y trágica
y quizá una hidra.
Yo que pude haber conocido a Safo en Léucade o
haberme enamorado en silencio de Anacreonte,
estoy solo destinada a leer lo que otros vivieron
y a recordar el azul lejano de unas islas
y su impacto en mi retina.
Yo, que me arranqué los ojos
y me quedé ciega,
yo...
debí haber llorado a Homero.



Rocío.