Ve y derrama en su pecho un poco de néctar y ambrosía para que el hambre no le atormente.
La Ilíada, Canto 19, Homero.
Fotograma de La mirada de Ulises, Theo Angelopoulos, 1995.
Yo debí haber nacido en un pueblo griego
de hace 2000 puntos suspensivos.
Quizá ciertos rasgos me acompañan,
pero no los suficientes para haber visto
el sol dorando mitos y cítaras.
Yo, que debí haber sido griega y trágica
y quizá una hidra.
Yo que pude haber conocido a Safo en Léucade o
haberme enamorado en silencio de Anacreonte,
estoy solo destinada a leer lo que otros vivieron
y a recordar el azul lejano de unas islas
y su impacto en mi retina.
Yo, que me arranqué los ojos
y me quedé ciega,
yo...
debí haber llorado a Homero.
Rocío.
