jueves, 8 de septiembre de 2011

Hace frío.

Su mirada es mitad recelo, mitad súplica;
como la de los animales a los que acaban de disparar.



Rocío

martes, 6 de septiembre de 2011

¿Por qué pareces tan asustada?


Terminada la juventud,
se está a merced del miedo.

Olvido García Valdés


(Fotografía The end of Alice, vía Lissy Elle)


El conejo blanco fue siempre la excusa que tuvo Alicia para echar a correr. Y correr es siempre la excusa de algo mucho más importante. No tiene por qué ser algo malo. El automático ejercicio de huir, acompasando piernas y brazos a la vez es saludable.
Huya usted una o dos veces por semana, se lo aconsejarán, ya verá.

Pero el descenso... ¡ay, el descenso! Como el de Alicia mientras caía en el pozo. Será lento, casi eterno. Aunque después de todo, mientras caes, siempre podrás preguntarte qué pasará luego. Incluso antes del golpe se te concede la prórroga del conocimiento.



Rocío 

sábado, 3 de septiembre de 2011

Y ahora, tiembla.





(Foto vía: Stacey Horler)


Pudo haberse dado
como un frenópata
de pulso enloquecido y
haber causado catástrofes temporales.

Pero no lo hizo.

Tuvo la ocasión de poder girar y volar
como un diente de león deshilachado,
de rememorar lo desconocido del tic-tac del reloj,
de desnudar la imprudencia y
romper el decoro.

Pero no lo hizo.

Él prefirió la calma,
la lentitud de los días,
el entregarse despacio:

quiso amar como quien no guarda memoria.



Rocío 

domingo, 28 de agosto de 2011

Y si no hay lenguaje ¿qué?


Se me han acabado las palabras.
Y los alfabetos y el vocabulario ya casi que no me alcanzan.
Supongo que ahora, tú y yo, sólo somos afasia.



Rocío 

jueves, 25 de agosto de 2011

miércoles, 24 de agosto de 2011

Eres todos los hombres.



ELECTRA: ¡Yo lo espero sin cesar, desventurada, no casada y sin hijos! Y ando siempre errante, anegada en lágrimas y sufriendo penas sin fin de mis males. Y él no se acuerda ni de mis beneficios ni de las cosas ciertas de las que le he advertido. ¿Qué mensajero me ha enviado, en efecto, que no me haya engañado? ¡Desea siempre volver, y deseándolo, no vuelve jamás!

Sófocles


Pintura: Frederic Leighton



Si me desnudaras ahora mismo el cuerpo, si te decidieras ahora y no en otro momento a rajarme la carne, a desvelar el misterio, a probarme. Ahora, digo, antes de que lo cubra todo el coma irreversible. Sólo ahora... No verías a otra mujer que a Electra.
Electra gritándose la sangre. Electra con las manos llenas, con la boca húmeda, con los ojos sucios, con el pecho enredado. Si me miraras ahora, Electra te preguntaría quién eres tú. Quién es tu padre. Qué escondes en ese corazón. Qué oráculo te salvará.
Si me miraras, sí. Si nos miraras así, tan herido. Te sangraríamos todo.


Rocío 

domingo, 21 de agosto de 2011

Usemos el plan B.

Dijo Henry Miller que la mejor forma de olvidar a una mujer es convirtiéndola en literatura. ¿A cuántos poemas estaré yo de aniquilarte?


Rocío

sábado, 20 de agosto de 2011

Llevo toda la tarde
leyendo poemas de otros,
magníficos,
de esos que sabes que en tu puta vida
serás capaz de escribir
porque el talento no existe
o no es suficiente
o no alcanza para más.
Llevo toda la tarde,
decía,
pensando en ti y
leyendo los poemas de los demás
para llegar a la genial conclusión
de que has venido aquí a confirmar
lo mala poeta que soy
o lo mucho que te quiero,
eso ya como lo vayas viendo.



Rocío 

viernes, 19 de agosto de 2011

Autumn leaves.

Cuando me siento triste escucho jazz. Es como ponerte a pelar cebollas y aprovechar para llorar a alguien sin que se note mucho. Es una excusa mala, lo sé, como lo son en realidad todas las excusas. Pero empieza a sonar Chet Baker y las lágrimas salen solas, fácilmente, como los sonidos de la trompeta. Y llega un momento en que ya no sé si son corcheas o fusas o silencios lo que lloro, o eres simplemente tú. Tú que me suenas a swing y a pentagrama.

Extrañar a alguien debería estar homologado como deporte de riesgo o de competición. Porque al final todo esto es así, mirar quién es el que echa más de menos. Saber quién va a salir perdiendo, el tiempo descompasado y la prórroga de la pérdida.

Y tener el jazz o las excusas suficientes para llorarte.
Como los saxofones, que también te lloran.



Rocío