Me prometí no escribirte más, porque a los muertos no se les escribe cartas, se les recuerda o se les olvida y ya. Pero ahora entiendo por qué llevo todos estos días tan nostálgica. Eras tú.
Nunca fui capaz de recordar este día. Siempre me acordaba un poco antes o un poco después, pero jamás fui capaz de regalarte un momento el mismo día en que te fuiste. Quizá sea un mecanismo de mi memoria para protegerme de amenazas tristes. Y hoy, por una pequeña alegría, te he recordado. Por primera vez en estos 9 años soy capaz de pensar en ti en presente, como si fuera ese mismo día. Porque para ti no existe más tiempo que aquel.
Los muertos son atemporales, anclados en el aire del día en que murieron. Haciendo ese mismo recorrido una y otra vez, volviendo del trabajo continuamente, conduciendo sin parar, haciendo esperar a sus seres queridos eternamente.
Sin retorno, atrapados en un enjambre de minutero roto, quedan cristalizados ya para siempre.
Rocío