miércoles, 30 de noviembre de 2011

Prefacio.



Nuestros sueños son nuestra única vida real.
Federico Fellini




Película Womb, 2010, Benedek Fliegauf.


Nunca nada es como imaginábamos. Aquello que esperabas a plena luz del día, lo encuentras a veces en las esquinas y en los callejones, en un mes helado o en esa oscuridad de lo desconocido que encierra la noche.

Noviembre y su frío se acaban y aquí sigue siendo complicado caminar entre la gente sabiendo que tú también me esperas al otro lado.


Rocío.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Rara avis.



A Rocío, sin jaulas.


Se desnudó.
Dejó atrás sus vestiduras
de presidio y voló
más allá de su propia sombra.
Trepó desde el silencio
hasta el alféizar de mi noche.
Y allí se posó: cantando
palabras repletas de avidez
y juventud, impúdicos
vocablos embriagados
por el néctar de mil y una
locuras; herejías provenientes
de quién sabe qué cielo.
Fue así como llegó
hasta mí el trino de sus alas,
el verde batir de sus ojos,
sus plumas engastadas
en la piel de una sonrisa.
Incasable, se derrama
sobre las palmas abiertas
de las hojas, con la voracidad
del llanto
de un delirio recién nacido.
Se entretiene jugando
a contar cada pliegue de las olas
y se empeña en traducir esas
conversaciones que en secreto
mantiene el viento con los recodos
más remotos de la tarde.
Anidaste en la rama de mis horas.
Picoteas la ternura
como quien comete un crimen
atroz y pasional. Y aunque
tu canto se escriba desolador
como los páramos de Comala,
de la tierra en la que siembras
universos,
cicatrices
y demás criaturas,
brota el árbol de las frutas
más deliciosamente prohibidas.
Vuela, ave libre...
Sé que no hay jaula
en la que quepan tus sueños.
No olvides que un día
anidaste en la rama de mis horas.
No dudes de que, entre
la fronda de mis incertidumbres,
hallarán siempre cobijo tus palabras
y tus silencios.


Héctor Vargas Ruiz.




Esto es lo que ocurre si es tu cumpleaños y tienes un amigo que escribe así de bonito y es detallista.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

23.

Pero noviembre vuelve
con la torpe paciencia de la fidelidad
(las huellas del amor sobre los hombros
como una caravana de detalles confusos),
y acaso pueda ser una conquista,
porque todo es más claro.

Luis García Montero



Nací un 23 de noviembre
a las 11.45 de la mañana
mediante cesárea de urgencia.

"Sufrimiento fetal"
dictaminó el médico,
"poeta"
lloró mi madre.


Rocío.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Recordad este día.

De este día tan importante para el futuro de España (o eso dicen los telediarios) yo me quedo con este poema de León Felipe. Somos memoria o recuerdo o una burla horrible.
El caso es que todo se repite.




Oh, este dolor,
este dolor de no tener ya lágrimas;
este dolor
de no tener ya llanto
para regar el polvo.
¡Oh, este llanto de España,
que ya no es más que arruga y sequedad
mueca,
enjuta congoja de la tierra,
bajo un cielo sin lluvias,
hipo de cigüeñal
sobre un pozo vacío,
mecanismo, sin lágrimas, del llanto!
¡Oh, esta mueca española,
esta mueca dramática y grotesca!

¡Llanto seco del polvo
y por el polvo
por el polvo de todas las cosas acabadas de España
por el polvo de todos los muertos
y de todas las ruinas de España
por el polvo de una casta
perdida ya en la Historia para siempre!

Llanto seco del polvo
y por el polvo. Por el polvo
de una casa sin muros,
de una tribu sin sangre,
de unas cuencas sin lágrimas,
de unos surcos sin agua.
Llanto seco del polvo
por el polvo que no se juntará ya más,
ni para construir un adobe
ni para levantar una esperanza.
¡Oh!, polvo amarillo y maldito
que nos trajo el rencor y el orgullo
de siglos
y siglos
y siglos.
Porque este polvo no es de hoy,
ni nos vino de fuera:
somos todos desierto y africanos.

.................................................

Tierra arenosa sin riego,
carne estrujada sin llanto,
polvo rebelde de rocas rencorosas
y lavas enemigas,
átomos amarillos y estériles
del yermo,
aristas vengativas,
arenal de la envidia...
esperad ahí secos y olvidados
hasta que se desborde el mar.

León Felipe.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Nowhere man.

Y es que a pesar del amor de los brazos
y de las piernas abiertas la soledad regresa
con sus dudas.

Pablo García Casado





El 29 de agosto de 1966
nuestro grupo favorito

(ese que sonaba antes de
que tu padre y tu madre
culminaran la creación del mundo contigo)

daba un concierto en el
Candlestick Park
de San Francisco.

I wanna be your man o
She's a woman
hacen retumbar las yardas
del estadio.

Un enjambre de piernas y muslos
empiezan a moverse entonces
poseidos por la melodía;
un ruido de sexos y
labios chocando al unísono
nos preceden:
podría ser la música la antesala del amor
si tú quisieras.

pero todo esto a ti te importa
poco o nada.

haciendo honor a la canción
siempre fuiste

un hombre de ninguna parte.


Rocío.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Resurrección, de Manuel Vilas.

A veces por azar una encuentra cosas tan bonitas como esta, que te hacen sonreir tontamente porque la literatura ya se te estaba olvidando. Últimamente con tanta psicología o pedagogía, se me escurren las letras, y los nombres y los datos, y casi ya no sabía quién era Bécquer o quién fue Rimbaud. Menos mal que existe un señor que se llama Manuel Vilas que me recuerda que yo amaba la literatura.




Los pies praguenses donde vivió Frank Kafka, y sus corbatas negras y sus sombreros y sus zapatos. El pelo enjuto de James Joyce, cuya mano quemó Dublín. Los amantes de Luis Cernuda, riéndose a sus espaldas. La esposa de Shakespeare, vieja y adúltera. Los ojos verdes y estrábicos de la enfermera jefe de la clínica en que murió Nietzsche. La mano de mujer que cogió los botines de piqué de Ramón Valle-Inclán y los arrojó por la ventana. La sífilis saltarina que Gustavo Adolfo Bécquer paseó por Madrid. La sífilis idéntica pero paseada por París de Charles Baudelaire. El padrenuestro que reza el fantasma de Rimbaud en una morgue de Marsella y Dios que se hace el sordo. El padrenuestro que reza Jorge Manrique antes de soltar la mano de su padre muerto. La risa de Quevedo mientras evacúa en una esquina de Madrid, en tanto rebota el mundo en su vesícula como una piedra verde. La madre con gota de Flaubert. La autopsia de Larra, su joven cerebelo. La carne de la máscara de Fernando Pessoa. La foto del padre de Dostoievsky en la billetera de Lenin. La cabeza muy grande de Rubén Darío, tan grande como su miedo. Las sopas de ajo que marea todas las noches el Manco de Lepanto con la mano buena mientras se mira con discreción la mano ausente. Los cien kilos secos que Oscar Wilde exhibe por los cafetines de París con orgullo marchito. La mano que aúlla de Pablo Neruda. El cadáver de Cela servido con guarnición de ministros. El gran desfile de la soledad de todos los tiempos, la soledad y sus palabras, la literatura.

 "Literatura" en Resurrección, de Manuel Vilas, 2005.