miércoles, 28 de septiembre de 2011

Latido/silencio.


¿Cuándo se deja de querer a alguien? 
¿Cuál es la línea divisoria 
que separa el calor del frío,
el sexo del vómito,
la felicidad de estar vivo 
y la rabia de no haber muerto?


Anhedonia.

viernes, 23 de septiembre de 2011

1, 2, 3... el silencio.

     
Nuestras palabras
nos impiden hablar.
Parecía imposible.
Nuestras propias palabras.

Pedro Casariego Córdoba.




Son ellas las que me impiden hablarte.
Las tuyas, 
tan certeras siempre, 
tan a la diana. 
Tirando a dar,
hiriéndome,
acuchillándome, 
llenándome de verdad. 
Dándome a conocer lo que ya sé, 
lo que escondo, 
lo que descubres
y desvelas,
lo que simplemente es.



Anhedonia.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Nunca seremos.



Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.

Alejandra Pizarnik






Nunca hubo nada menos definitivo que el adiós. Es tan fácil desandar los pasos, es tan fácil volver atrás, arrepentirse, llorarlo, pedir perdón. Es tan fácil y por eso, tan poco definitivo.
Por eso contigo me decanto por el hasta pronto. Es mucho más seguro. Nos distancia a ti y a mí, ahora sí, definitivamente, pero sin marcar hasta cuando. Es un poco contradictorio pero es así. Con el adiós sólo te decía no me dejes ir. Con este hasta pronto te disparo para siempre.


Sentimentiras.

martes, 13 de septiembre de 2011

¿Qué victorias busca el que ama?




Mi boca besa
lo que muere, y lo acepta. Y la piel misma
del labio es la del viento. Adiós. Es útil
norma este suceso, dicen. Queda
tú con las cosas nuestras, tú, que puedes,
que yo me iré donde la noche quiera.

Claudio Rodríguez.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Confesión.

Estoy cansada de los pájaros y de las jaulas. De la poesía y su escaparate expositor. Y de la sangre, las vísceras y el sexo. La poesía agota, la poesía mancha, suda, enfanga.
La poesía agujerea mucho más directamente que la prosa. Clava, pico y pala, las palabras. Hace daño. ¿Por qué entonces más y más poesía? ¿Por qué? Por qué no decir basta y morir.



Sentimentiras.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Hace frío.

Su mirada es mitad recelo, mitad súplica;
como la de los animales a los que acaban de disparar.



Sentimentiras.

martes, 6 de septiembre de 2011

¿Por qué pareces tan asustada?


Terminada la juventud,
se está a merced del miedo.

Olvido García Valdés


(Fotografía The end of Alice, vía Lissy Elle)


El conejo blanco fue siempre la excusa que tuvo Alicia para echar a correr. Y correr es siempre la excusa de algo mucho más importante. No tiene por qué ser algo malo. El automático ejercicio de huir, acompasando piernas y brazos a la vez es saludable.
Huya usted una o dos veces por semana, se lo aconsejarán, ya verá.

Pero el descenso... ¡ay, el descenso! Como el de Alicia mientras caía en el pozo. Será lento, casi eterno. Aunque después de todo, mientras caes, siempre podrás preguntarte qué pasará luego. Incluso antes del golpe se te concede la prórroga del conocimiento.



Sentimentiras.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Y ahora, tiembla.





(Foto vía: Stacey Horler)


Pudo haberse dado
como un frenópata
de pulso enloquecido y
haber causado catástrofes temporales.

Pero no lo hizo.

Tuvo la ocasión de poder girar y volar
como un diente de león deshilachado,
de rememorar lo desconocido del tic-tac del reloj,
de desnudar la imprudencia y
romper el decoro.

Pero no lo hizo.

Él prefirió la calma,
la lentitud de los días,
el entregarse despacio:

quiso amar como quien no guarda memoria.



Sentimentiras.